sábado, 16 de mayo de 2015

Los amores del cacereño Nicolás de Ovando con Andrea de Cervantes.


 La vida de Nicolás de Ovando y Andrea de Cervantes antes y después de conocerse fue muy desigual en fortuna y en infortunios.

Palacio de Ovando en Cáceres.

Nicolás de Ovando había nacido en Cáceres en el año 1544 o 1545. Perteneciente a la muy noble y antiquísima familia de los Ovando, era descendientes del linaje del famoso Capitán don Diego de Cáceres Ovando, paladín de los Reyes Católicos, y de Nicolás de Ovando, Gobernador de la Española y comendador mayor de Alcántara. Propio a su clase social llevaba una vida de lujos y privilegios.

En su trayectoria política don Nicolás de Ovando llegó a ser Camarero del Cardenal don Diego de Espinosa, Obispo de Sigüenza, Presidente del Consejo de Castilla e Inquisidor General.

Muy lejos de Cáceres, en la Iglesia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares era bautizada el 24 de noviembre de 1544, Andrea de Cervantes hija del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas, y hermana mayor del insigne autor del Quijote Miguel de Cervantes.

La familia Cervantes llevó una vida bastante itinerante, viajando siempre donde fuere el cabeza de familia, Alcalá de Henares, Valladolid (donde Rodrigo estuvo en prisión por un asunto de deudas impagadas a un prestamista), Córdoba, Cabra, Sevilla o Madrid, fueron algunos de sus destinos.

Alcalá de Henares de Pier M. Baldi (B. de Florencia)

En el año 1563 los Cervantes se hallaban haciendo vida en Sevilla. En aquellos años la ciudad estaba en su máximo apogeo y esplendor. Por el navegable Guadalquivir llegaban numerosos barcos cargados de tesoros y riquezas procedentes del Nuevo Mundo hasta desembarcar en la Casa de Contratación de Indias. Comerciantes de todas las naciones y condición se congregaban en sus puertos y mercados.

Sevilla era una ciudad inmensa y bulliciosa (dos años después habían censadas 85.536 personas, más los viajeros de paso, mientras que Madrid apenas contaba con escasos 14.000 habitantes). En esa Sevilla en donde el dinero y la abundancia fluía en una aristocracia opulenta, destacaba la familia Ovando que ocupa un papel predominante en los órganos políticos, sociales y religiosos. Y hasta allí llegó para estudiar derecho Nicolás de Ovando proveniente de la villa de Cáceres instalándose en lo mejor de Sevilla, la collación de San Salvador.

Sevilla en el Siglo XVI (F. Biblioteca Nacional.)

Andrea sin embargo vivía humildemente junto a sus padres, su primo Juan y sus hermanos (Miguel de Cervantes tenía entonces 16 años y cursaba tercero de gramática en el Estudio de la Compañía de Jesús) en una pequeña casa en la collación de San Miguel. Su padre, aquejado de una fuerte sordera desde la infancia, ejercía de cirujano, que en aquella época no era más que un curandero con ribetes de barbero y sangrador, por eso para salir adelante andaba siempre pidiendo dineros a prestamista y usureros.

No sabemos en qué lugar de la ciudad aún amurallada, con sus 160 torres y almenas alzándose al cielo, sus numerosos jardines con aromas de jazmines, rosas, mirtos, cidros y naranjos se conocieron Nicolás de Ovando y Andrea de Cervantes, ni tan poco cómo entre todas las mujeres sevillanas, las más aseadas, limpias y olorosas del reino, que vestían con sedas y tafetanes, y que poseían una gracia y donaire innato, se fijó y se enamoró el cacereño de la castiza Andrea. O quizás fuera Andrea de Cervantes quien con su hermosura, sus galanteos y su destreza tañendo la vihuela sedujera a Nicolás de Ovando.

Partida bautismo de Andrea de Cervantes, (C.V. Cervantes) 

Sea como fuere, los amores de Nicolás hacia Andrea tuvieron en sus comienzos pretensiones honestas con promesa de matrimonio incluida. Ambos veinteañeros disfrutaron durante tiempo de su amor, que llegaron a consumar, pues fruto de ello nació una niña, a la que Andrea llamó Constanza.

Embarazada Andrea, Nicolás se propuso reparar su falta casándose con ella ante la iglesia. Rodrigo, padre de Andrea y su hermano Miguel, vieron con buenos ojos aquel enlace por el cual la familia Cervantes ascendería socialmente.

Miguel de Cervantes (Dibujo de Zarza.)

Pero todo se frustró, y “donde dije digo, digo Diego”. La familia Ovando se opuso rotundamente a los esponsales, en el siglo XVI eran muy pocos los que se casaban por amor, los matrimonios eran concertados por los padres, aportando el padre de la novia la llamada dote, en ajuar, dinero o en tierras. Y la muy noble familia Ovando, con el Provisor de la diócesis de Sevilla don Juan de Ovando al frente, pensaban que Andrea, aunque hija de un hidalgo, no dejaba de ser la hija de vulgar cirujano, sin dinero ni tierras lo cual no era suficiente para el linaje de Nicolás de Ovando, que debía contraer matrimonio con alguien acorde con su clase social.

Obligado por su familia Nicolás se comporta villanamente y abandona a la embarazada Andrea, otorgándole antes la habitual escritura de indemnización o compensación económica. Trasladándose el cacereño a vivir a Madrid. Desde noviembre de 1565 Nicolás se hallaba en la corte donde su pariente Juan de Ovando, hombre de gran reputación e influencia, con el tiempo llegaría a ser Presidente del Consejo de Indias, le había buscado asiento. Años más tarde obtenía para Nicolás el cargo de Camarero del Cardenal Diego de Espinosa.

Firma,de Nicolás de Ovando 1566.(C.V. Cervantes)

Constanza quien unas veces aparece en los documentos con el apellidó “de Ovando” y otras como Constanza de Figueroa, nombre de su abuela materna, debió nacer entre 1565 o 1566, pero desconocemos donde, pues su partida bautismal no se ha hallado ni en Sevilla ni en Madrid. 

Los Cervantes también abandonaron la ciudad de Sevilla. En 1567 se les sitúa en la villa de Madrid, donde Miguel de Cervantes escribe su primera composición poética, soneto a la reina Isabel de Valois.

Mientras, Andrea tras haber dado a luz, despechada busca consuelo en otros brazos, pero no con mucha suerte, como leemos en el proceso de Ezpeleta en el año 1605 en Valladolid, en el, Andrea declara ser “…viuda, mujer que fue de Sante Ambrosio, florentín, y que antes fue desposada y concertada con Nicolás de Ovando…”. 

Firma de Andrea de Cervantes 1565 (C.V. Cervantes)

No sabemos cuándo se casó o si se casó Andrea con Sante Ambrosio, pues la partida de casamiento nunca ha aparecido; lo que si queda demostrado es que nunca se casó con Nicolás. Un año más tarde se la relaciona a Andrea en una donación de bienes con un gentilhombre de origen italiano de nombre Juan Francisco Locadelo, ¿quizás fuera dote o compensación de otro episodio amoroso?

Los fracasos amorosos iban a ser el destino de Andrea y de todas las mujeres de la familia Cervantes, su tía María de Cervantes fue amante de don Martin de Mendoza, Arcediano de Talavera apodado el Gitano, con quien tuvo una hija; su hermana Luisa ingresa a los 18 años en el convento de la Concepción de las carmelitas descalzas en Alcalá de Henares, bajo el nombre de Luisa de Belén; y su otra hermana Magdalena, que siempre firmaba con los apellidos Pimentel de Sotomayor, tras ser engañada por Alonso Pacheco, seducida por Fernando de Lodeña y mantener “conversaciones amorosas” con Juan Pérez de Alcega, señor de la casa y solar de Vicuña, quien pagó 300 ducados por deshacer la palabra de casamiento dada, a los 29 años con el corazón destrozado tomaría los hábitos de la venerable Orden Tercera con el nombre de Magdalena de Jesús.

Villa y corte de Madrid. (Mapa de F. de Wit)

Nicolás de Ovando moría soltero en Madrid el 8 de abril de 1571. Al abrir su testamento reconoce como hija natural a Catalina de Ovando, fruto de otra relación y no así a Constanza de Ovando.

En año 1573, Andrea que vivía emancipada con su hija Constanza en Madrid, y trabajaba como costurera, solicita ser nombrada tutora de su hija Constanza y ante el escribano Pedro de Salazar declara: “…que doña Constanza de Figueroa, que es menor de doce años y mayor de seis, la cual es su hija y está en su poder; y para seguir sus pleitos y causas de la dicha su hija menor y cobrar sus bienes y hacienda, le es necesario ser proveída de tutora; y ella lo quiere ser…”.

El motivo de la tutela era reclamar al difunto Ovando, el legado o hacienda correspondiente a su hija Constanza, por la cual tuvo que pleitear durante varios años.
En 1595 Constanza de Figueroa andaba en “conversación amorosa” con Pedro de Lanuza y de Perellós, hijo del Vizconde de Rueda y de Perellós, IV Justicia de Aragón, pero siguiendo la maldición familiar, Pedro que le había hecho promesa matrimonial, la abandona tras otorgarle 1.400 ducados bajo escritura de indemnización o compensación.

Casa donde murió Andrea de Cervantes (C.V. Cervantes)

El 8 de junio de 1609, cinco años después que Miguel de Cervantes terminara la primera parte de “El Quijote”, su mujer Catalina de Palacios y Salazar y su hermana Andrea de Cervantes toman los hábitos de la misma Orden Tercera de San Francisco, de carácter seglar, donde ya profesaba Magdalena de Cervantes. Tres meses después de tomar los hábitos, Andrea de Cervantes fallecía a la edad de 65 años.

Su única hija Constanza de Ovando y sobrina predilecta de Miguel de Cervantes, que al igual que su madre había sufrido el desengaño amoroso, probado las mieles de la felicidad y la tristeza, vivido en la riqueza y la pobreza, recibía santa sepultura el 22 de septiembre de 1624 en la Iglesia de San Sebastián de Madrid donde también se hallaba su amada madre Andrea de Cervantes.

            Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
-“Vida de Miguel de Cervantes Saavedra.” Krzystof 
Silwa
-“Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes 
Saavedra.” Luis Astrana Marín.
-“La casa de Ovando.” José M. de Mayoralgo y Lodo.

sábado, 4 de abril de 2015

La leyenda de la calleja de la Cava de Torrejón el Rubio.

En el pueblo cacereño de Torrejón el Rubio, a los pies de las ruinas de su antiguo castillo, existe una calleja que los lugareños denominan de la Cava. En ella según la leyenda, en las noches de lunas encantadas se aparece el espectro de un niño que atemoriza y secuestra a cuanto chiquillo o mozo ose pasar por allí. Pero ¿Cuál es su historia?
Florinda (1852) de Juan de Dios de Mora

Nos remontamos a la época visigoda al año 710, cuando en la península tras la muerte de Witiza, reinaba don Rodrigo, y a las puertas de sus dominios se encontraba ya la amenaza de los ejércitos musulmanes. Gobernaba por entonces en la plaza de Ceuta, el Conde don Julián, que había servido fielmente a Witiza. El conde tenía una joven y hermosa hija de nombre Florinda, que como muchos otros nobles, había enviado a instruirse y educarse a la corte toledana.

En Toledo Florinda comenzó a destacar como la más bellas de las damas de la corte, y la más deseada, tanto que hasta el mismísimo rey don Rodrigo, casado con Egilona, se quedó prendado de sus encantos y de su hermosura, convirtiéndola en el objeto de sus más oscuros deseos. Pero la joven ceutí pudorosa, no aceptaba los cumplidos y cortejos lujuriosos del monarca, rechazándole una y otra vez.
Una tarde, el rey obcecado con Florinda y harto de aquellos continuos rechazos, manda a uno de su noble más allegados que busque a la joven y la trajese ante su presencia.

D. Rodrigo y Florinda de Narciso Mendez Bringa 1868.

Florinda es llevada a los aposentos reales. Una vez allí, Rodrigo ordena que los dejen a solas, y que no osen molestarle bajo ninguna circunstancia. La joven desconcertada e ingenua, no se espera lo que le va a acontecer tras cerrarse tras de sí las puertas. Rodrigo sin mediar palabra se abalanza sobre ella y nublado su juicio por su vil enamoramiento, como un salvaje poseído por el mismísimo demonio, deshonra a la joven Florinda.

Pronto en los mentideros de la capital visigoda corre la noticia, cual rio al mar, pero de forma muy distinta a los hechos acontecidos. El rey es la ley y sus actos legitimados. Por ello la mala es ella, es ella quien con su belleza ha seducido al monarca atrapándolo en su lujuria, y llevándole a la desesperación, suya es la culpa y su castigo. Y por ello desde entonces el pueblo comienza a llamarla la Cava, que en árabe significa prostituta.

Rey don Rodrigo

          Florinda, ahora la Cava, mancillada, avergonzada y repudiada, no sabe qué hacer. Con la ayuda de un fiel sirviente logra enviar secretamente una carta de auxilio a su padre contándole la afrenta sufrida.

Según la leyenda el despechado don Julián, ante el deshonor de su linaje, juró vengar tan atroz afrenta del rey, permitiendo que entrasen en España cruzando el estrecho los ejércitos musulmanes dirigidos por Tarik en la primavera del año 711. Y con esta traición del conde, en solo unos meses los musulmanes conquistaron el reino de Rodrigo, estableciéndose en la península durante ocho siglos.

La ultrajada dama fue a refugiarse a la fortaleza que el Conde don Julián poseía cerca de los que hoy es el pueblo de Torrejón el Rubio (Cáceres). Allí encerrada en su cámara, consumida por la amargura y la tristeza fue perdiendo, como quien deshoja una flor, poco a poco su hermosura. Y al cabo de nueve meses nació fruto del estupro real, un infante.


            Según cuentan, el niño al crecer y enterarse de que en sus orígenes bastardos estaba la pérdida del reino de su padre, en su delirio bajaba todas las noches desde su torreón a la calleja de la Cava, para atrapar a cuanto muchacho osase pasar por allí y encerrarlos en su castillo, hasta formar un ejército tan poderoso que le ayude en la reconquista de las tierras de su padre.

Aun hoy en día, el espíritu del infante hijo del rey Rodrigo y de Florinda “la Cava”, sigue apareciéndose en las noches de lunas encantadas secuestrando a los niños que por la calleja transitan, para terminar de reunir el ejército que conquiste el reino que por herencia le pertenece.

Más leyendas son, así te las he contado. Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
-“Supersticiones extremeñas.” Publio Hurtado
-“Al-Andalus: 711-756.” José María Peña Marcos
-“Leyendas extremeñas.” José Sendín Blázquez.
-“Florinda perdió su flor. La leyenda de la Cava….” 
              Helena Establier Pérez.

sábado, 7 de marzo de 2015

El tesoro culinario robado del Conventual de San benito de Alcántara

Conventual de San Benito de Alcántara (F.I.)

En el año 1808 durante la Guerra de Independencia Española, las tropas francesas de Napoleón al mando de las cuales se hallaba el general Junot, ocuparon y saquearon el Conventual de Alcántara (Cáceres). Convertido en cuartel para las tropas, los monjes benedictinos que lo habitaban fueron expulsados, sus cuadros, imágenes, retablos y ornamentos litúrgicos expoliados y su biblioteca junto con su extensa colección de libros y archivos destruidos.

Pero hagamos primero un poquito de historia europea.

Para comprender la guerra de Independencia Española (1808-1814), tenemos que tener en consideración el sueño imperialista de Napoleón Bonaparte, que pretendía acabar con las decadentes monarquías absolutas que aun dominaban en Europa y crear un nuevo Imperio, donde Francia sería su epicentro y el su emperador, frenando así además el dominio que ejercía Gran Bretaña en Europa y en los mares.


           Manuel Godoy por Bayeu  Napoleón por Jacques-Louis David

En año 1807, en una España cada vez más influenciada por la política francesa, Manuel Godoy primer ministro de Carlos IV y Napoleón firman el Tratado de Fontainebleau, mediante el cual se autorizaba al ejército francés a travesar España para guerrear contra Portugal, excusa que utilizó Napoleón, aprovechándose de las luchas internas que mantenían por la corona española el rey Carlos IV y su hijo el príncipe Fernando, y por lo tanto de la división del país, para de forma encubierta ir ocupando militarmente el reino español.

Con el motín de Aranjuez de 1808, donde el pueblo se levanta contra las políticas llevadas a cabo por Manuel Godoy, el monarca Carlos IV es obligado a abdicar a favor de su hijo el nuevo rey Fernando VII.

     Carlos IV por F. Goya                 Fernando VII por V. López

El 23 de marzo, el nuevo rey Fernando VII entra en Madrid donde ya se hallaban a las afueras de la villa las tropas francesas del mariscal Joaquín Murat (cuñado de Napoleón), al cual el nuevo rey autoriza a entra en la capital. Una vez las tropas francesas se establecen en Madrid, Murat siguiendo los planes de Napoleón, no reconoce la autoridad de Fernando VII como legitimo rey, y ordena trasladar en el mes de abril a toda la familia real a Bayona donde son retenidos y obligados a abdicar, coronando Napoleón como nuevo rey, para humillación del pueblo español, a su hermano José Bonaparte. El 2 de mayo de 1808 los madrileños se amotinan y se levanta en armas contra el ejército invasor francés, había comenzado la guerra de Independencia Española.

Defensa del Parque de Artillería de Monteleón, por Joaquín Sorolla

Volvamos a la villa de Alcántara, próxima a la frontera portuguesa, era desde el siglo XIII la sede de la Orden Militar de Alcántara, cuyos orígenes se remontan a la antigua Orden San Julián del Pereiro, fundada en Portugal en 1176. Alojabanse sus freyres, mitad monjes, mitad soldados, en aquellos tiempos en el castillo y en la villa, hasta que el año 1468, la Orden acuerda la construcción de un convento para albergar en comunidad a diecinueve freyres, que según los estatutos, debían convivir bajo la regla cisterciense. Por diversos motivos, la construcción no llegó a iniciarse hasta 1499, cambiándose la ubicación en 1504 e irrumpiéndose de nuevo en el año 1574. En la edificación del conventual participaron en distintas etapas los reconocidos maestros mayores Pedro Larrea y Pedro de Ibarra.

     Blasón de la Orden de Pereiro         Blasón de la Orden Alcántara

Tras largos siglos de historia de reconocido prestigio en batallas y guerras, con el auge de las peregrinaciones, los monasterios y entre ellos el Conventual de San Benito van a ir destacando en otra faceta menos religiosa, que con el paso de los años irán enriqueciendo y aumentando, en la culinaria. Conocedores y conservadores de la historia y del acervo popular a través de sus libros y manuscritos, van a utilizar aquellos métodos agrícolas, conocimientos de plantas medicinales y buenas artes, para valiéndose del entorno natural en el que se hallaban ubicados aprovecharlo para elaborar suculentos y sabrosos platos, que plasmaron en sus famosos recetarios monacales.

 Little Book of Eternal Wisdom por Heinrich Suso

En la Guerra de Independencia Española, los franceses durante sus años de ocupación además de cometer las atrocidades propias de una guerra, también se dedicaron a destruir, saquear, robar y expoliar por todo el territorio español. Pero aquella avaricia artística de Napoleón que ejecutaron sus oficiales en los pueblos ocupados, se recrudeció en España, pues a su entender pensaba que el pueblo español era analfabeto e inculto y que las obras que albergaban no eran lo suficientemente valoradas y por ello se dispuso a despojarnos de ellas y llevárselas a Francia. Pero no solo el patrimonio artístico, como obras de artes, cuadros o esculturas, sino también el histórico, profanando y saqueando tumbas de grandes personajes históricos, como la de Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid” que descansaba en el Monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos) o la de Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán”  en el Monasterio de San Jerónimo de Granada, entre otros.

Y el Conventual de San Benito de Alcántara no iba a ser una excepción a aquella rapiña. En año 1807, recién comenzada la campaña contra Portugal, el llamado Cuerpo de Observación de la Gironda del ejército francés al mando del general en jefe Junot, compuesto por 24.978 soldados, 1.771 caballos y 38 piezas de artillería, llega a la villa de Alcántara, en donde saqueando y arrasándolo todo se abastece de víveres, plomo y pólvora, los monjes del conventual son expulsados y el convento es convertido en cuartel general para las tropas.

Los fusilamientos del 3 de mayo por Francisco Goya

Cuadros, imágenes y retablos que adornaban el convento, junto a los ornamentos litúrgicos fueron expoliados, e incluso el órgano fue robado. Su biblioteca, en donde se conservaban entre libros y manuscritos, los antiquísimos los archivos de la sede administrativa y religiosa de la Orden Militar de Alcántara fueron destruidos. La mayoría  de aquellos manuscritos se utilizaron en la fabricación de cartuchos para la fusilería de los que andaban escasos, otros para avivar el fuego, y algún otro para menesteres más mundanos. Así lo describe irónicamente el general francés Thiébault: “Fueron reunidos apresuradamente el plomo necesario y toda la pólvora existente en el país. Faltaba papel y nos lo facilitaron los archivos de los Caballeros de Alcántara. Se construyeron cartuchos moche y día y se pudieron dar 20 por hombre…” Funesto final para tantos años de cultura e historia.

General_Jean Andoche Junot

Pocos fueron los libros rescatados, pero sabemos que al menos uno de ellos fue indultado. No se sabe si fue un soldado francés o el propio Junot quien lo hallo, pero aquel libro que tanto atrajo su atención, no era otro si no el recetario de cocina del convento, un recetario en donde a lo largo de los siglos, generaciones de freyres alcantarinos habían ido recopilando de la tradición culinaria de la comarca y de su saber.

El general Junot, que fue nombrado poco después Duque de Abrantes por Napoleón por su rápida toma de Lisboa (no confundir este título nobiliario con el español creado por el rey Felipe IV y que está emparentado con la nobleza cacereña), envió aquel extraordinario recetario a Francia, como regalo para su esposa Laura Permon, duquesa de Abrantes. Laura quedó tan impresionada con el recetario, por aquellas formas ingeniosas que tenían los monjes de preparar suculentos guisos de perdices, faisanes, de aderezar el bacalao, el pastel de hígado de pato o el empleo de las trufas, tanto que se dispuso a divulgar el recetario por las mejores cocinas de Paris e incluso las insertó en sus memorias, esos si obviando sus orígenes.

Laura Permon, Duquesa de Abrantes

Entre las recetas robadas del convento alcantarino, que según parece, fueron la base de la cocina burguesa francesa del XIX, destaca la “Perdiz o el Faisán al modo Alcántara”, que lleva además del ave elegida, hígados de pato, trufas, manteca de cerdo y vino de Oporto; el “Bacalao al estilo Alcántara” con ingredientes como la leche, los huevos o las almendras; y también otras recetas que fueron afrancesadas en nombre, como el “consommé” o “consumado” como se denominaba en español, un concentrado de carne con algunas verduras y especias, el caldo más sabroso de la cocina.

No sabemos cuántos platos del recetario francés tienen sus orígenes en el expoliado Monasterio de Alcántara, pero según dijo el maestro de la cocina tradicional francesa Auguste Escoffier (1846-1935), “fue el mejor trofeo, la única cosa ventajosa que logró Francia de aquella guerra.”

Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Bibliografía Consultada:
-“Historia general de España.”  Real Academia de la 
   Historia
-“Monumentos artísticos de Extremadura”.
-“Guía del buen comer español”. Dionisio Pérez
-“La cocina de los conventos” Sofía Fernández y Víctor 
   Alperi.
-“Napoleón y la locura española” Francois Malye

sábado, 31 de enero de 2015

El cuadro de la Virgen de la Paz.

Si paseamos por los soportales de la plaza mayor de Cáceres, en una de sus esquinas, en el conocido como el Portal del Llano, nos encontramos con el cuadro de una Virgen con un niño Jesús en sus brazos, a la que un pequeño ángel le hace entrega de una corona, es la “Virgen de la Paz”. Y aunque este cuadro es una copia actual de un óleo realizado en 1865 por el pintor pacense Rafael Lucenqui, la “Virgen de la Paz” lleva custodiando aquel rinconcito desde el siglo XVIII.

Virgen de la Paz, (Cáceres)

Pero este cuadro es también conocido en el acervo popular como “La Virgen del buen parto”, conozcamos su historia:

La Plaza Mayor de Cáceres, desde su creación ha concentrado la vida social, festiva y comercial de la villa. Y con la edificación de la fachada oeste ya en el siglo XVI, en sus soportales se van a ir ubicando para desarrollar su actividad los distintos gremios de comerciantes y artesanos de la ciudad, así nos encontramos con el portal del pan, el portal de los plateros, el portal de los escribanos, el portal del pan o el que nos interesa, el portal del Llano.

Maqueta Plaza Mayor de Cáceres en s.XVII

Con el paso de los siglos, la villa, la sociedad y los distintos oficios van a ir evolucionando, y muchos de aquellos soportales dejarán de tener sus antiguos usos para dar paso a otros hábitos u oficios menos decorosos, y el portal del llano no iba a ser una excepción. Corría el año 1712, cuando según las crónicas, un beato de nombre Lázaro Laso, que recién se había asentado en Cáceres; no muy lejos de aquel portal; indignado y escandalizado al ver los actos descarados que se practicaban por el día y al caer la noche en aquella zona de los soportales, actos a su entender indecorosos que atentaban contra la moralidad de la época. Decide con el apoyo y la aquiescencia de la iglesia, solicitar autorización al ayuntamiento de la villa para colocar en aquel soportal un cuadro de su propiedad de la “Virgen de la Paz”, dando un carácter religioso a aquel lugar.

Y así se hizo, el cuadro fue colocado, y junto a él unos farolillos que alumbraban siempre la imagen de la Virgen. En seguida surtió efecto, y los malos hábitos desaparecieron de la ahora sacralizada esquina. Cada 24 enero, festividad de la Virgen de la Paz, se celebraba misa en aquel lugar, a la que acudía cada vez más gente. La devoción por la “Virgen de la Paz”, fue aumentando en la villa, creándose en 1720 una cofradía entorno a ella, la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz y aprobadas sus ordenanzas por el obispo Velunza. Tanto creció su fervor, que en 1731 la cofradía solicito un lugar de culto, y para ello decidieron hacerse cargo de la derruida ermita renacentista del siglo XVI de San Benito, que transformaron en la actual ermita de La Paz, junto a la torre de Bujaco, donde se instalaron y colocaron una imagen exenta de la Virgen de la Paz, obra del escultor Pedro Correa.

Ermita de la Paz, Cáceres

Pero volvamos al cuadro, aquella devoción mariana de la villa por aquella imagen, se vio acentuada aún más, cuando se empezó a correr la voz por la ciudad, no sabemos el porqué, de que aquel cuadro de la Virgen ayudaba a las parturientas a llevar un buen parto y facilitar el feliz desenlace. Quizás el origen fuese alguna mujer embarazada fuera del matrimonio, que aterrorizada ante su inminente alumbramiento y atormentada por su pecado, rezó lejos de miradas acusadoras, a la virgen que tenía más a su alcance y que no era otra que la “Virgen de la Paz”, sea o no así, el milagro lo habría obrado y pronto aquel rumor de benefactora de los alumbramientos de aquella Virgen, atrajo cada vez a más parturientas. Mujeres embarazadas de toda clase o condición social acudían a rezarles aves María y depositar bajo su imagen velas y velones a la conocida desde entonces como la “Virgen del buen parto o del parto”, campesinas, damas, criadas, madres primerizas, madres que habían perdido algún hijo o futuras madres en general pasaban ante la imagen, a la que nunca le faltaban velas.

Portal del Llano, Cáceres

Con el paso de los años, la intemperie y el humo de las velas hace mella en el cuadro que con un gran desgaste, apenas es ya apreciable, por ello el ayuntamiento toma la decisión de reemplazarlo. Y en el año 1865 contrata los servicios de Rafael Lucenqui, que era hijo de un pintor de origen polaco apellidado Luschinski que se asentó en Badajoz, tras llegar al parecer con el ejército napoleónico. Rafael bajo las enseñanzas de su padre se inició en el arte de la pintura y la escultura. Pero años más tarde comienza una carrera militar, que abandona en 1848 con el grado de capitán, dedicándose desde entonces a ejercer como profesor de dibujo en el Instituto de Cáceres, retomando además su actividad artística, que solicita el ayuntamiento. De su trayectoria pictórica, la “Virgen de la Paz” es su obra más emblemática, y el precio que estipuló fue de 600 reales.

Reemplazado el cuadro en el año 1865, el original se pierde, pero esto no evita que la devoción por la ahora conocida como la “Virgen del Parto”, y su tradición de las embarazadas de ponerle velas continúe durante muchos años más en la villa.

Cuadro original de la Virgen de la Paz, de Lucenqui

En la actualidad el cuadro de la “Virgen de la Paz” de Lucenqui, tras 149 años en los soportales de la plaza, se ha ganado su retiro en el Museo Municipal y una réplica hecha por el pintor cacereño Luis Casero ocupa su lugar en el portal del llano como testimonio de 300 años de historia de la “Virgen de la Paz, del Buen Parto o de los Portales” en la ciudad de Cáceres.

Gracias y hasta la próxima historia.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
-“Ayuntamiento y familia cacerenses.” Publio Hurtado   
-“Pintura extremeña del siglo XIX: los Lucenqui.” Francisco Javier Pizarro Gómez.
-“Patrimonio artístico del ayuntamiento de Cáceres.” M. Bazán de Huerta, C. Marchena García y M. Paredes Pérez. 
-“Cáceres, paseo por la eternidad.” Francisco Acedo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La aventura del extremeño Juan de Vera en la Alhambra Nazarí.

Para conocer esta historia nos trasladaremos a la España cristiana del siglo XV, a la época de los Reyes Católicos, cuando estos estaban a punto de concluir la reconquista cristiana de la península con la toma definitiva de Granada.

La Alhambra en 1707. Grabado de Peter Vander AA

Pero, antes que Isabel y Fernando reinaran, en aquellos tiempos ostentaba la corona de Castilla Enrique IV, que mantenía una relaciones cordiales y tolerantes con el emir del Reino de Granada Abu Nasr Sad (más conocido en las crónicas castellana como Ciriza). Mediante esta tregua, Granada se convertía en un estado vasallo y tributario de Castilla, a la que pagaba por ello elevadas sumas de parias. Pero con la muerte del emir de Granada, su sucesor e hijo Muley Hacén, hombre aguerrido y más batallador que su antecesor, aprovechando la debilidad por la que pasaba Castilla debido a las tensiones políticas internas que existían por la sucesión de Enrique IV, en el año 1466 rompe la tregua, y comienza a realizar continuas razias llevando la incertidumbre y el miedo a la frontera castellana.

En 1474 muere en Madrid Enrique IV, su hermana Isabel “la Católica” se autoproclama reina de Castilla en el alcázar de Segovia y envía cartas de vasallaje a todas las ciudades de Castilla. Mientras, otra parte de la nobleza castellana proclama a su vez como reina a Juana “la Beltraneja”, hija legítima de Enrique IV, que pide apoyo y auxilio a su tío el rey de Portugal Alfonso V, con quien después es obligada a casarse en Plasencia (Cáceres). Comienza entonces una guerra civil entre las dos princesas y sus facciones por el trono de Castilla, guerra que duraría cinco años.

               Isabel I                              Juana "La Beltraneja"

Entretanto en el reino de Granada las cosas para Muley Hacén tampoco andaban bien, numerosas revueltas se habían alzado contra él promovidas principalmente por el alcaide de Málaga. Tras varios años de sublevaciones y luchas de poder, el emir decide pedir ayuda al reino de Castilla solicitando una nueva tregua.

Hallaban se los Reyes Católicos en la ciudad de Sevilla cuando una embajada del Reino Nazarí llegó a las puertas de la ciudad solicitando audiencia con los monarcas. Conducida la delegación a la sala del trono, el heraldo anunciaba su presencia a la corte real, el silencio se hacía presente en la sala cuando entraron aquellos sarracenos que cubrían sus cabezas con unas bandas a modo de turbantes, e iban ataviados con ropajes de seda y algodón de vivos colores,y en sus cintos portaban espadas jinetas (armas cortas y delgadas), dagas de orejas, y adargas a la espalda (que eran unos escudos ligeros de cuero en forma de doble judía). Al acercarse al trono donde se hallan sentados Isabel y Fernando, ponen rodilla en tierra, y aquel que parecía el más curtido y veterano en batallas, exponiendo sus credenciales se dirigió con respeto a los monarcas:

“Reyes de Castilla, en el nombre de Dios clemente y misericordioso, que él bendiga a nuestro señor Mahoma y a su familia, y al siervo de Dios y príncipe de los muslimes Muley Hacén, gran emir del Reino de Granada y de su contorno de tierras musulmanas, que mediante esta embajada os muestra sus respeto y admiración. Y os ofrece en virtud de tiempos pasados, pactar una tregua entre ambos reinos hermanos.”- Y sacando una carta que llevaba en una bolsa se la ofrece a los monarcas con ambas manos.-

Vestimentas nazarí (F.I.)

Uno de los capitanes cristianos recoge la misiva y se la entrega a doña Isabel. –“Mi reina.”-
Isabel rompe el sello real nazarí y lee detenidamente la carta. Al terminar se la entrega al heraldo de la corte que hace pública exposición ante los allí presente. Concluida su lectura, el rey Fernando se levantó y habló:

“Id y decidle a vuestro señor, que pronto enviáremos a un embajador a Granada con las condiciones de la tregua.”

Redactadas aquellas palabras por escrito, firmadas y selladas por los monarcas, se la entregaron a la embajada nazarí que partió de inmediato hacia Granada.

Tiempo después, los reyes convocaron un cónclave entre sus consejeros y capitanes, en el cual decidieron aceptar la propuesta del emir. Para encabezar aquella embajada mandaron llamar al noble extremeño don Juan de Vera, caballero de porte y muy noble presencia, que estaba a las órdenes de don Fadrique de Toledo lugarteniente de los Reyes Católicos.

Escudo de los Vera /F.I.)

Juan de Vera era comendador de Calzadilla en la orden de Santiago y Capitán Mayor de la frontera de Portugal. Juan había contraído matrimonio años antes en Cáceres con Constanza de Monroy, hermana de don Fabián de Monroy, señor de dicha villa. Una de las hijas del matrimonio, doña Francisca de Mendoza, casó en Mérida con Diego de Cáceres Ovando, hijo primogénito del gran Capitán Diego de Cáceres Ovando, principal baluarte de Isabel “la Católica” en Extremadura.
  
Corría ya el año 1478 cuando Juan de Vera portando las disposiciones de los reyes partió hacia Granada con una pequeña pero muy distinguida comitiva. En ellas, Isabel y Fernando, aceptaban la tregua a cambio que el reino de Granada pagara cada año las parias de dinero y cautivos que acostumbraban a pagar a los reyes de Castilla.

Su llegada a Granada aunque esperada, levantó gran curiosidad y expectación entre sus habitantes del reino. Fue recibida la embajada en la sala más suntuosa y decorada de la Alhambra, el salón de los embajadores. Allí ante el mismísimo Muley Alhacén al cual acompañaban sus más altos representantes del reino nazarí, Juan de Vera expuso las exigencias de los reyes.

Salón de los Embajadores (F. Junta Andalucía)

Al concluir el extremeño su exposición, el emir Muley Alhacén airado ante aquellas palabras, respondió con arrogancia y desprecio:

“Id, y decid a vuestros soberanos, que ya murieron los reyes de Granada que pagaban tributo a los cristianos, y que Granada no se labra ya oro para las parias, sino alfanjes e hierros de lanza contra nuestros enemigos.” 

Con aquellas palabras aun retumbando en los oídos del comendador, partió de nuevo la embajada de regreso a Sevilla. Cuando llegaron, Juan de Vera se presentó de inmediato ante los reyes con la respuesta del emir.

Con indignación escucharon los reyes aquella negativa del rey nazarí a pagar las parias, pero aun así aceptaron con sumisión la tregua, pues debían centrar todos sus recursos y tropas en la guerra que mantenían con Portugal, y añadir un nuevo enemigo al campo de batalla traería grandes pérdidas y mortandad a una Castilla en guerra civil.

La decisión no sentó nada bien al rey don Fernando que ante aquella afrenta exclamó con gran ira: “Yo arrancaré los granos a esa Granada uno a uno.”

A lo que Isabel le respondió templándo sus ánimos: “Tiempo mejores habrá Fernando para la venganza.”

Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. (F.I.)

Tan solo un año más duraría la guerra con Portugal, pues la superioridad militar de los Reyes Católicos acabaría derrotando al rey Alfonso V. La batalla definitiva se libró a orillas del rio Albuera (Badajoz) donde el Maestre de la Orden de Santiago, Alonso de Cárdenas, vencía a las tropas portuguesas mandadas por el obispo de Évora, García de Meneses que capitularían en el Tratado de Alcáçovas, en el cual se firmaba la paz entre ambas naciones, exigiendo además la reina Isabel la renuncia de Juana al matrimonio con Alfonso y su ingreso como monja en el convento de Santa Clara de Coímbra.

En el año 1480, terminada la guerra civil castellana y asentada la reina Isabel I en el trono de Castilla, comienza a fraguarse la idea definitiva de los Reyes Católicos de reinar en una España unificada y cristiana, pero para ello aún quedaba por conquistar un último bastión del Islam, Granada.

Batalla de Toro entre Castellanos y Portugueses 1476 (F.I.)

Reinician entonces la guerra contra el Reino Nazarí, guerra de desgaste que concluiría en el año 1492. En ella los Reyes Católicos van utilizar en su beneficio las luchas intestinas en que se hallaba inmerso el reino de Granada por la sucesión; el apoyo de los abencerrajes, uno de los linajes nazarí más ilustres, influyentes y valerosos, que en sus continuas luchas e intrigas por acceder al poder desestabilizaron y debilitaron el reino; y también los Reyes Católicos van a contribuir a esa desestabilización proporcionando ayuda a los distintos soberanos nazaríes, unas veces a el emir Muley Hacen (Abú I-Hasan) y su hermano El Zagal (El Valiente) y otras al hijo de Muley Hacen, el emir Muhammad XII, más conocido como Boabdil, el más beneficiado y perjudicado al final.

Reino de Granada en el siglo XV (F.I.)

            En una de esas continuas luchas por el poder batallaban las tropas de Boabdil contra las de su tío El Zagal, y hallándose este último acorralado y en desventaja en la Alhambra, pidió auxilio en la frontera cristiana a don Fradrique de Toledo, al que propuso una alianza con Castilla más ventajosa que la que habían pactado con Boabdil. Don Fradrique que tenía órdenes del rey don Fernando de sembrar la discordia entre los soberanos nazaríes, mandó a negociar con El Zagal de nuevo al extremeño Juan de Vera, que había estado sirviendo valerosamente en la guerra contra Portugal.

El Zagal con sus trofeos de guerra. (F.I.)

            Volvió a entrar por la puerta de Elvira de Granada el noble y devoto caballero cristiano. Su porte formidable de brillante armadura, hábito de Santiago y espada bastarda en cinturón de doble vuelta, montando en un caballo negro azabache, levantaba el recelo entre los habitantes en una ciudad en continuas guerras. Conducido por la guardia palatina a la Alhambra es recibido con honores por El Zagal y agasajado espléndidamente como a un rey. 

Aquel suntuoso trato a un cristiano en tiempos de guerra contra el reino de Castilla no sentó nada bien a algunos fanáticos soldados nazaríes, que fuera de la vista de El Zagal increpaban y provocaban por palabras y hechos al embajador extremeño, que siendo un invitado calmaba su fogosidad bélica y sus impulsos de respuesta.

Murallas de Granada en 1707. Grabado Peter Vander AA

Andaba paseando Juan de Vera por los jardines, cuando se le acercaron unos soldados de palacio, uno de ellos empezó a maldecir y blasfemar sobre Jesucristo y su madre María, entre aquellas palabras despotricaba entre risas sobre la supuesta virginidad de María.

“Mira que venerar los cristianos a esa tal María… que fue engendrada por una paloma…y que dicen que es virgen después de haber parido…ja jajá.”

“Ja jajá”- Reían también el resto de los soldados.-

El devoto caballero cristiano al escuchar aquellas blasfemias, aquel ultraje a su fe, no se pudo contener más e increpó al soldado exigiéndole que se retractara y pidiera perdón por sus palabras.

“Tus palabras ofenden mi fe, y te pido de buena voluntad como invitado de tu emir que soy, que te retracte de ellas y pidas perdón a mi Dios, o acates las consecuencias de tus ofensas.” –Exhortó Juan de Vera.-

A lo que el envalentonado nazarí mirando a sus compañeros respondió: “Perro cristiano, oblígame si puedes.”

Aquella respuesta desencadenó la ira y fervor del extremeño que desenvainando su espada de mano y media partió en dos de un solo tajo la cabeza del provocativo e insolente soldado.

 La sangre salpicó a todos a los que allí se hallaban, los soldados que le acompañaban aterrorizados ante aquella escena dantesca a la vez que desenvainaban sus espadas gritaban ímpetu: “Guardias, guardias.”

Las irrespetuosas palabras de un soldado habían derivado en un combate desigual en los majestuosos jardines de la Alhambra. El resplandor de los alfanjes se mezclaba con el rugir del choque de los aceros y los gritos de los soldados nazaríes implorando al profeta. “Guardias, por Alá…”

Palacio de la Torre de las Damas (F. Junta Andalucía)

El valiente caballero extremeño se defendía con el ardor de su fe y su bravura de las cada vez más espadas nazaríes que se dirigían hacia su pecho. El altercado llegó a oídos de El Zagal que raudo se presentó en los jardines a restablecer el orden y abriéndose paso entre sus soldados llegó a donde se batía aun con gran entereza Juan de Vera.

“Guardias, por Alá os ordeno que paréis de luchar –gritó exaltado a sus soldados- este caballero cristiano es mi huésped y como tal se le debe tratar. Cesad de inmediato.”

Todos pararon. “Por favor, Juan- dijo El Zagal acercándose a él- guardad vuestra espada.”

Y así lo hizo el cristiano, y tras aclarar los hechos allí acaecidos, mandó El Zagal castigar con azotes y cárcel a los soldados aún vivos que habían provocado la trifulca.

Soldado nazarí,de Felipe Bigarny (Capilla Real, Granada)

Pero aquellos hechos no tardaron en difundirse por toda la ciudad, un cristiano había derramado sangre nazarí en el recinto sagrado de la Alhambra, incluso creían que era un infiltrado, la cabeza de punta de una ejército para tomar el alcázar desde dentro, el populacho se alzó en armas ante tales acontecimientos. El Zagal teniendo por la seguridad de su invitado, se apresuró a ponerle a salvo, le proporcionó ropajes nazaríes para pasar desapercibido y le entregó uno de sus caballos más veloces para poder huir de Granada.

“Huye cristiano y no olvides decirle a tu señor, que ha sido El Zagal quien te ha salvado, que Alá te proteja.”

Partió de inmediato el extremeño atravesando no sin dificultad la turba de gente, y corriendo a toda brida ganó el campo de batalla reuniéndose de nuevo con don Fadrique, al que ya sosegado le contó su aventura en tierras de Granada. Don Fadrique de Toledo escribió una carta al Zagal agradeciéndole su generoso comportamiento con don Juan de Vera.

Informada la reina doña Isabel del arrojo y de los peligros que le habían acaecido al extremeño en defensa de la fe cristiana, amiga de premiar siempre las acciones heroicas de sus caballeros, le hizo merced de trescientos mil maravedís.

La rendición de Granada de F. Pradilla

            En enero de 1492, tras de diez años de guerra por el reino de Granada, mientras en lo más alto de la torre de la Vela en la Alhambra ondeaba la enseña de Castilla, a las puertas de Granada su último emir Boabdil el Chico, hacia entrega de las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, poniendo fin al dominio musulmán en España iniciado en el año 711.

            Mas leyendas son, así te las he contado. Gracias y hasta la próxima.


            Escrito por: Jesús Sierra Bolaños
            Fuentes Consultadas:
            -“Crónica de los muy altos y esclarecidos Reyes Católicos 
             Don Fernando y Doña Isabel.” Fernando del Pulgar.
-“Crónica de la Conquista de Granada.” Washington 
  Irving
            -“Historia general de España. Tomo VI” Modesto 
              Lafuente
-“En la frontera de Granada.” Juan de Mata Carriazo.
-“Nobiliario de Extremadura Vol. VIII.” Adolfo Barredo 
  de Valenzuela y Ampelio Alonso-Cadenas López.
-“Nobiliario de los reinos y señoríos de España.” Francisco 
  Piferre

-“La casa de Ovando.” José Miguel de Mayoralgo y Lodo