sábado, 19 de julio de 2014

La leyenda del Cristo del Perdón de Tornavacas

                Seguimos en la villa cacereña de Tornavacas para conocer la leyenda de la imagen de su Santísimo Cristo del Perdón que se halla en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Cristo del Perdón de Tornavacas

La historia comienza un día del mes de julio de cierto año del siglo XVI, cuando en la tranquila villa de Tornavacas aparecen dos desconocidos hombres montando espléndidos alazanes negros. Su porte nada tiene que ver con comerciantes o ganaderos, mayores de 30 años, con barba cerrada, chaqueta con grandes botonaduras, calzones, botines abiertos en tonos pardos y tocados con sombreros redondos, no dejan indiferentes a todo aquel que los observa.

                En las inmediaciones de una iglesia se apean de sus caballos y acercándose a un vecino que por allí andaba, le preguntan:

                “Buenos días buen hombre. ¿Dónde podemos encontrar a la autoridad del pueblo?” – Aunque con acento andaluz, la forma de hablar del forastero era educada.-

                “Al regidor lo hallareis en aquella casa” – Respondió señalando una casona que se encontraba al final de la calle.-

                “¿Y al sacerdote?” –Volvió a preguntar el desconocido.-

                “Pues juntos los hallareis, señores, pues justamente ahora reunidos andan en asuntos de Dios.”

                Y dando las gracias al vecino de la villa, riendas en mano, partieron hacia la casa indicada. Llamaron a las puertas y un sirviente salió a recibirlos:

“Buenos días, de la ciudad de Ronda venimos y traemos una carta de fray Gaspar que debemos entregar al regidor y al clérigo de esta villa.”

Fray Gaspar era un fraile de Tornavacas, que se hallaba ahora ejerciendo su labor religiosa en un convento franciscano de Ronda.

Vista de Tornavacas (F.I.)

Fueron recibidos por las autoridades, y leída la carta hablaron, más sin dar nombre alguno.

                “Venimos de tierras andaluzas, y como bien habéis podido leer, nos envía fray Gaspar, al cual nosotros tenemos en alta estima. Somos imagineros y cumpliendo un compromiso con fray Gaspar, estamos aquí para esculpir la imagen del Cristo, patrono de esta villa, para la recién terminada iglesia parroquial.” –Dijo uno de los forasteros.-

                “Agradecidos estamos por vuestro ofrecimiento y por realizar tan largo viaje hasta aquí, pero me temo que en vano vinieron pues poca plata nos quedan tras saldar deudas con los canteros. Y  pagar vuestros servicios no podemos, las arcas vacías andan.” – Habló el regidor.-

                “Señores –respondió uno de los imagineros- preocuparse no deben de los dineros, pues hablado ese tema está ya con fray Gaspar, y sólo la devoción al Cristo y la gratitud a fray Gaspar nos mueve.”

                “Pero aun así, cerca está la festividad del Santísimo Cristo, a no más de dos meses. -Intervino el vicario.- ¿A tiempo serán ustedes de finalizar?”

                “Si nuestras condiciones cumplen, a tiempo el Cristo estará, y en nada tendrá que envidiar esta imagen a la de los pueblos de la comarca o de la mismísima Extremadura, pues en ella transmitiremos toda nuestra fe y amor hacia el Cristo. Tienen nuestra palabra y en ello va nuestro honor.” –Respondió el imaginero y así lo aseveró su compañero.-

“Y decidnos, ¿Cuáles son esas condiciones?”-Volvió a hablar el regidor.-

“Hasta el día de la fecha señalada nosotros nos encerraremos en la iglesia trabajando en la escultura y nadie podrá entra en ella ni molestarnos, nos facilitareis los materiales necesarios para realizar la imagen además de los alimentos para nuestro sustento durante ese tiempo. Y lo más importante no preguntareis por nuestros nombres ni indagareis sobre nuestra identidad, seremos anónimos. Esas nuestras condiciones.”

“Aceptamos, pero sólo porque venís recomendados por fray Gaspar.” -Resolvió el regidor tras consultar con el vicario.-

Puente Cimero, Tornavacas (F.I.)

A la mañana siguiente los imagineros cogieron su herramientas de las alforjas y ante la incredulidad y desconfianza de los vecinos del pueblo, que se preguntaban: ¿Qué quienes eran aquellos hombres? Y ¿Cuáles serían sus autenticas intenciones? Una vez que les hubieron entregado todo lo solicitado, atravesaron el umbral de la iglesia cerrando tras de sí las puertas a cal y canto.

Y cumpliendo el pueblo las premisas pasó el tiempo, los días, los meses hasta que llegó el 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Cruz, fecha prometida de la entrega. Aquel día a muy tempranas horas, casi al alba, un fuerte y continuo repiqueo de campanas despertó de sus camas a los vecinos. Sobresaltados y extrañados las autoridades y los vecinos más curiosos del pueblo se dirigieron raudos hacia el origen de aquel inusual campaneo, la iglesia parroquial. Encontráronse entonces con las puertas abiertas de par en par, y temiéndose la peor de las calamidades, entraron en ella. Su interior era de planta rectangular con una única nave dividida en cinco tramos por arcos fajones de medio punto, y al fondo en presbítero cubierto por una cúpula de media naranja sobre pechinas hallaron una fastuosa imagen de un Cristo Crucificado de madera tallada, con la cabeza ligeramente inclinada sus rasgos expresivos y naturales conmovían a quienes lo contemplaban, a los pies del Señor había dos ángeles que parecían elevarlo a los altares. Todos quedaron emocionados y maravillados ante los sentimientos que trasmitía el Cristo.

Iglesia de la Asunción, Tornavacas (F.I.)

Buscaron entonces a los imagineros responsables de aquella escultura para felicitarlos y agradecerles su gran labor, pero no dieron con ellos, revisaron una y otra vez la iglesia, los establos, el pueblo, pero no hallaron ni rastro de aquellos extraños personajes, ni de sus enseres ni de sus caballos, habían desaparecido casi por intervención divina como decían algunos vecinos.

“No eran hombres, sin no ángeles enviados por el Señor.”

“Si, si ángeles eran, hemos sido bendecidos por Dios.”- Se escuchaba decir, mientras los más ancianos del lugar rezaban arrodillados ante la imagen del Cristo.- 

Por más que buscaron y buscaron, no los hallaron.

Pero he aquí que entre la tanta alegría y rezos, el vicario al acercarse al Cristo, a sus pies halla una carta, va dirigida a las autoridades y junto a ella una saca llena de monedas.

Villa de Tornavacas (F.I.)

Abriola el párroco y mandando callar a los feligreses, comienza a leerla en voz alta.

“A las buenas gentes de Tornavacas. Con todo nuestro cariño hemos tallado este Cristo que aquí os dejamos, nada nos debéis por él, y mucho les debemos nosotros a ustedes por su confianza y fe en nosotros, gracias. Además también les dejamos esta saca de monedas –seguía leyendo el vicario enseñándola a todos- para que esos dineros sean repartidos entre los más pobres y necesitados…”

-Murmullos y voces se escucharon por la iglesia- “Son ángeles, no veis son ángeles.”

Mala vida hemos llevado –continuó leyendo el párroco- pues bandoleros fuimos en Sierra Morena hasta que conocimos a fray Gaspar. Éramos en nuestra juventud imagineros de profesión en el taller del maestro Diego Alemán en la ciudad de Sevilla, mas hombre rudo, terco, tacaño y violento era con nosotros, hasta que un día hartos de tales injusticias y tiranía, le desbalijamos de sus joyas y dineros y nos echamos al monte cual bandidos.”

Grabado de bandoleros (F.I.)

Al escuchar estas palabras el silencio y el desconcierto se apoderó de todos, no daban crédito de lo que habían escuchado.

“Con aquellos dineros robados, armas y caballos compramos – prosiguió el párroco  tras mandar silencio- y juntos algunos amigos y otros que se unieron poco después, la banda fue creciendo, siendo una de las más buscadas y temidas en toda Sierra Morena. Robamos y asaltamos a ricos hacendados y terratenientes, dinero, joyas, ganados, e incluso matamos algunos soldados que nos perseguían, las leyes del señor y de los hombres no estaban escritas para nosotros.” – Hizo una parada el párroco para tomar aliento y siguió -

“Cierto día asaltamos una ermita cerca de la ciudad de Ronda, según nuestro informador, en ella había una gran cantidad de joyas de gran valor. Cuando entramos en su interior, trabucos en manos, asustando a todos los que allí se hallaban en ese momento, un halo de angustia recorrió nuestros cuerpos, como cuando una madre riñe a un hijo por su bien. Aun así nosotros continuamos con nuestro pillaje hasta que al arrebatarle el collar de oro a la Virgen que presidía la ermita, aquella imagen de la Virgen de los Dolores ante nuestra tropelía cometida comenzó a llorar, de sus ojos empezaron a brotar lágrimas que recorrían sus mejillas hasta caer al suelo. No dábamos crédito a lo que veíamos, la Virgen lloraba por nosotros. Temerosos y  avergonzados le devolvimos sus alhajas y abandonamos raudos la ermita. Fuimos perseguidos por el monte por los soldados, teniéndonos que separar por mas seguridad, así mi compadre y yo en la huida llegamos a las puertas de un convento franciscano al cual llamamos y pedimos asilo. Quiso la Virgen en su magnificencia que allí nos encontráramos con fray Gaspar, el cual nos recibió no como a bandidos, si no como a hijos de Dios y nos dio cobijo.” –Nadie se movía de la iglesia todos escuchaban intrigados las palabras del vicario.-

Panorámica de Sierra Morena (F.I.)

“Le explicamos nuestra historia, y como la Virgen de los Dolores, madre de Dios, había derramado lagrimas por nosotros, y nos había guiado hacia el convento franciscano, para que con la ayuda de fray Gaspar cambiáramos de vida y redimiéramos nuestros pecados. Y así lo hicimos, con su fe empezamos a difundir la palabra del señor, ayudando a los más necesitados y dedicándonos a la oración. Andábamos en tales menesteres cuando fray Gaspar recibió una carta de su pueblo natal solicitando su colaboración para realizar la talla de un Cristo, entonces nos sugirió que sería una magnifica forma dar las gracias al Señor realizando dicho encargo. Y comprometiéndonos con él, partimos de inmediato hacia Tornavacas.”

Marirrollas de Tornavacas (F.I.)

“Aquí llegamos con secretismo y discreción debido que aún la justicia nos andaba buscando, el anonimato era primordial para realizar la prometida talla, por ello os estamos agradecido por vuestra confianza, mil gracias. Una última suplica os pedimos, que le pongáis a la talla el nombre del Cristo del Perdón, para que ruegue por nuestros pecados y nos conceda tal menester. Nos hubiera gustado despedirnos pero debíamos partir igual que vinimos y cumpliendo la voluntad del Señor que nos guiaría en nuestra retorno.”

Terminada de leer la carta, comprendieron los vecinos las circunstancias que les había llevado a los imagineros a tomar tales decisiones y el nuevo camino que habían tomado para redimir sus pecados, y para agradecerles su labor, celebraron la primera misa al Cristo del Perdón, rezando por  sus almas y su perdón en la tierra.

Al cabo de unos días llegaron noticias a la villa del apresamiento de dos bandoleros andaluces que iban camino de Ronda. No había lugar a la dudar, eran ellos, los imagineros. Junto a otros delincuentes iban conducidos a la corte real de Valladolid para su ajusticiamiento.

Grabado de traslado de reos. (F.I.)

De urgencias se reunió el pueblo, y en asamblea decidieron enviar una comisión a Valladolid para intermediar por ellos. Hacia allá partieron el regidor, el vicario y dos de los mozos que habían llevado sobre sus hombros al antiguo monarca Carlos V. Días después llegaron a la ciudad castellana, tras pedir audiencia real, fueron recibidos por el mismísimo Felipe II, al cual con grandes detalles explicaron toda la historia de los bandoleros andaluces.

“Mi señor os hemos contado su historia, y sólo a vos toca decidir si el perdón es merecido, mas como habéis podido escuchar la misma Virgen intervino por ello para traerlos al redil del Señor y desde entonces sólo el bien han realizado, por eso os rogamos les concedáis, si es menester de vuestra excelencia, la gracia real, pues la divina la tienen ganada ya” –Terminó diciendo el regidor.-

El rey conmovido por la historia, ordenó llamar de inmediato a su secretario y a su escribano, y ante todos los allí presente dictó el indulto de los reos, lo firmó y le puso su sello real. Tras ser liberados los imagineros presentaron sus respetos al monarca por el indulto real, dando también gracias a los buenos vecinos de Tornavacas.

Cartuja de Miraflores, Burgos. (F.I.)

Desde ese día, los antaño bandoleros, en correspondencia a los milagros obrados por la Virgen de los Dolores y el Cristo del Perdón pasaron el resto de sus vidas recogidos en la Cartuja de Miraflores de Burgos, dedicando su vida a la oración de Dios, dejando además entre su legado terrenal varias imágenes talladas por sus manos, incluso hay quien dice que la imagen de la Virgen de los Dolores de Tornavacas es una de aquellas tallas que realizaron, y que en agradecimiento entregaron a la villa.

   Más leyendas son, y así te las he contado. Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
“El Cristo del Perdón.” Ramón Núñez Martín.
“Leyendas extremeñas.” José Sendín Blázquez.

sábado, 28 de junio de 2014

Leyendas de Tornavacas

            Hoy viajamos a la cabecera del Valle del Jerte, lugar de nacimiento del rio que da nombre al valle, allí cerca de la frontera con Ávila hallamos la Villa cacereña de Tornavacas.

Escudo de Tornavacas.

Frontera histórica con Castilla, era un lugar habitual de paso para los rebaños trashumantes. Fue en sus orígenes una venta en dicho camino llamada de la Culebra, que posteriormente con el aumento de su población cambió su nombre por el de Villaflor de las CadenasPero el origen de su actual nombre, Tornavacas, se remonta al siglo X, a los tiempos del rey Ramiro II de León, apodado “El Grande”.

Estas tierras que habían permanecido fronterizas desde mediados del siglo X  hasta finales del XII, sin un dominio claro de cristianos o musulmanes y sometidas a continuas razzias por ambos bandos, eran ahora reclamadas por Ramiro II en su reconquista frente al sarraceno Abd al-Rahmán III.

Ramiro II fue capaz de reunir a los cristianos para defender y ampliar las fronteras de su reino. En una de esas incursiones tuvo lugar la Batalla de la Vega del Escobar al frente de la cual estaba el conde de castilla Fernán González según unos o el rey Ramiro II según otros, sea cual fuere de los dos, lo que si se encontraron las huestes cristianas fue con una fuerte oposición de las tropas sarracenas cordobesas acaudilladas por Ahmad Ben Yala, que dieron al traste con los intentos cristianos de repoblar la zona.

Vista de Tornavacas (Cáceres) por Frobles.

            Ante la superioridad musulmana en la batalla, replegáronse Ramiro II y su ejército a Villaflor de las Cadenas, donde temiendo por sus rebaños, acudieron en auxilio del monarca los ganaderos y pastores de la comarca, los cuales en audiencia real propusieron al rey una extravagante estrategia, que consistía en reunir el mayor numero de vacas posibles, y una vez caída la noche, atar teas encendidas en los cuernos de las vacas. Hecho esto los pastores debían espolear y guiar a las reses hacia el campamento enemigo, dando al mismo tiempo grandes gritos y haciendo mucho ruido, para hacer creer a los árabes que era el ataque de un gran ejército cristiano reunificado que avanzaba con decisión, brío y valentía.

La algarada fue tremenda, el miedo y la confusión se extendió pronto por el campamento de los sorprendidos agarenos, que sin apenas margen de respuesta ante tal poderoso ejército que creían ver aproximarse, dada la gran multitud de puntos luminosos que iluminaban la noche, huyeron despavoridos desperdigándose en todas las direcciones, y abandonado a los durmientes a su suerte.

Al amanecer del día siguiente fue cuando los cristianos entre el asombro y alegría comprobaron que su estratagema había tenido éxito. El rey viendo como las vacas volvían por instinto a su lugar habitual de pastoreo gritó con gran júbilo: “¡Tornan las vacas! ¡Tornan vacas! ¡Tornan vacas!”- Dando así nombre a la actual villa y su puerto.-



Pero no es la única leyenda que conserva este pueblo cacereño, otra de sus leyendas tiene como protagonista al mismísimo Emperador Carlos V, tras su abdicación a favor de su hijo Felipe II.

Carlos V por Tiziano.

Es la noche del 11 de noviembre de 1556, cuando en su camino de retiro voluntario a Yuste, la comitiva regia llega a la Villa de Tornavacas.

Allí cerca del rio Jerte el monarca se encuentra con unos lugareños que andaban pescando truchas con luces, de inmediato el emperador manda parar la caravana, y ayudado por su séquito se apea de su litera y se acerca hacia ellos. Curioso observa sus cañas y su forma de pescar, las cañas que utilizaban estos aventajados pescadores eran de madera de unos 2 metros de largo, sus líneas estaban elaboradas con crines de cola de caballos al final de las cuales había unos señuelos hechos con plumas de gallos sujetas con hilos a un anzuelo de paleta que imitaban a las moscas. Estas moscas artificiales las echaban corriente abajo y las subían por el rio arrastrando la pluma por encima del agua con una gran destreza, hasta que engañadas las truchas pican y rápidamente son alzadas y recogidas.

Pescador con caña del s.XVI
 
“Buena día de pesca tuvieron vuestra mercedes. ¡Truchas, verdad!” –Les habló el monarca-

Los pescadores asombrados y temerosos no saben cómo reaccionar ante tan distinguida presencia imperial, rápidamente echan rodilla en tierra.

“Mi señor” –Responden al unísono.-

“En pie, en pie –dijo el monarca- y sigan pescando vuestras mercedes, sin preocuparse por mi presencia, por favor.”

“Ha sido un gran día mi señor –respondió uno de ellos bajando ligeramente la cabeza- y nos complacería que aceptara humildemente este presente.”

Y ofrecieronle una cesta llena de las truchas recién pescadas.

“Con orgullo acepto vuestro ofrecimiento y esta misma noche formaran parte de los platos que con mas gustoso saborearé” -Y tras recoger uno de sus acompañante el presente ofrecido, partieron hacia el pueblo pues entraba la noche y el frío comenzaba a entumecer los huesos.-

Casa donde se alojó Carlos V en Tornavacas (Cáceres)

La comitiva fue recibida a la entrada de la villa por las autoridades pertinentes que respetuosamente ofrecieron y pusieron a disposición del monarca la casa más lujosa de la villa para pernoctar, pero este rechaza tal agradecimiento pues prefiere honrar con su presencia la casa que Juan Méndez-Dávila, criado y fiel servidor de su majestad, tiene en Tornavacas.

Camino de la casa de Juan Méndez-Dávila, recorre la comitiva la villa, pasan por la calle principal donde los vecinos habían encendido sus teas para alumbrar al monarca, el puente Cimero, y siguen por la plaza mayor hasta llegar a la casa de su criado Juan, situada enfrente de la posada, donde hoy en día una inscripción sobre el dintel de la puerta nos recuerda que allí pernoctó el emperador Carlos V.

Esa noche a la hora de la cena, amenizada con música y regada con cerveza, el rey degusto entre otros suculentos platos, las truchas que los pescadores le habían obsequiado. Y quedó complacido.

Dintel de la Casa de Juan Medéz-Dávila en Tornavacas (Cáceres)

Al día siguiente, a primera hora, su majestad se dirigió hacia la pequeña capilla que había en la casa, allí ante una imagen del siglo XIII de una Virgen con el niño, oró con gran devoción.

        "Era una imagen en pie de tamaño menor que al natural, el niño se apoyaba sobre su brazo izquierdo, sujeto con la mano derecha de la madre, su rostro era estrecho y alargado, falto de técnica pero que expresaba  un profundo sentimiento religioso."  (desgraciadamente, la talla de las más antigua de Extremadura, fue vendida por los descendiente de Juan Méndez Dávila en el año 1966 y hoy se halla en paradero desconocido).

         Después como de costumbre, despachó sus asuntos privados y al acabar dio audiencias a todo a aquel que fuera a hablar con él.

La desaparecida Virgen con el niño.
          (Foto: C. González Merino)

Antes de partir, Carlos V cansado del viaje y con ganas de llegar pronto a Jarandilla, reúne a sus consejeros y toma la decisión de modificar la ruta trazada, declina ir por Plasencia por que tardaría seis jornadas y opta por la única jornada que le supone atravesar la Sierra de Tormantos.

Pero debido a la estrechez del camino, el rey no puede viajar en su litera, ofreciéndose entonces los tornavaqueños a transporta en hombros al monarca en una silla de manos. Así el 12 de noviembre su majestad con grandes dificultades por culpa de su gota, del ajetreo de la silla y del accidentado camino, pasó acuesta de los lugareños la Sierra de Tormantos, acompañado de un séquito de más de cien personas.

Al llegar a la cima del puerto, el Emperador Carlos V pronunció las siguientes palabras: “Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte.”

Castillo de los Condes de Oropesa en Jarandilla (Cáceres) (Foto JAAA) 

 Ese mismo día, llegaron a buena hora a Jarandilla, donde se alojó en el castillo del Conde de Oropesa.

Más leyendas son, y así te las he contado. Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:

-“Estancias y viajes del emperador Carlos V.” Manuel de 
  Foronda y Aguilera.
-“Mitos y leyendas de la tradición oral de la alta 
  Extremadura.” F. Flores del Manzano.
-“Leyendas extremeñas” José Sendín Blázquez.
-“El patrimonio inmaterial en la alta Extremadura. 
  Extremadura: historia, leyenda y mito.” Juan Pedro 
              Recio Cuesta.
-“Diccionario geográfico universal dedicado a la Reina 
  Nuestra Señora.” José Torner
           - "Imaginería medieval extremeña." F. J. García Mogollón

domingo, 15 de junio de 2014

El Fantasma del Teatro Principal

Grabado de monja (F.I.)

En los años 40 alguien se hace eco en la ciudad de Cáceres de una historia con tintes fantasmagóricos que cuenta la señora Romualda. La tal Romualda es dueña de la panadería “Principal” situada en la calle Peña, y según relata a todo aquel que se le acerca y pregunta, unos por curiosidad y otros por recochineo, desde que adquirió la panadería por las noches en  el patio interior del inmueble se le aparece el fantasma atormentado de una monja.

Asustada y de los nervios anda la pobre mujer, tanto que cuando llega la noche y se tiene que ir a dormir, del miedo que tiene se encierra en su cuarto a cal y canto, junto a un crucifijo santificado y un orinal. Cuenta la Romualda que el susodicho espectro de la monja vaga con aire melancólico y   por todo el patio hasta llegar al brocal del pozo donde se sienta y se desvanece al rato.

¿Pero que había antes de la panadería y cuál es el origen de la aparición?

Nos tenemos que remontar muchos años antes que la señora Romualda adquiriera el edificio y lo transformara en panadería. En el año 1801 aquel lugar situado entre las calles de Peña y la de Los Peces (hoy plaza de Las Canterías), se edificó e inauguró el llamado Teatro Principal o Teatro de Pedrilla. Este patio de comedias, fue mandado edificar por el comerciante catalán Ventura Carlés y Busquet bajo premisa firmada con el ayuntamiento de no haber otro en la ciudad.

Representación Sacramental (F.I.)

Pero las primeras obras teatrales que se representaron en la Villa de Cáceres se remontan al siglo XVI, y eran autos sacramentales que se escenificaban en tablados situados a las puertas de la Iglesia de Santa María, concretamente la que daba al Convento de Santa María de Jesús (la actual Palacio de la Diputación) en las noches del Corpus y de Nuestra Señora de la Asunción.

Posteriormente, ya en el siglo XVII apareció el primer corral de comedias sito en la calle Tiendas número 3, donde se interpretaban obras profanas por compañías que eran traídas y sufragadas por el Concejo. Este corral se trasladó posteriormente al patio del Hospital de la Piedad (hoy Palacio de la Audiencia), mucho más grande, en donde por su uso y disfrute el empresario o la compañía tenían que dar el quinto del dinero generado por las entradas  como limosna para el hospital.

Abono del Principal de Publio Hurtado

Volviendo al Teatro Principal, el edificio tenía tres plantas entre palcos, plateas y patio de butacas, y en su escenario actuaron compañías teatrales, de variedades o zarzuelas. Quizás por aquel tiempo el fantasma de la monja atormentada merodeaba ya por el patio o por bambalinas, pasando desapercibido entre actores y comediantes e incluso pudo actuar de figurante en alguna representación. Todo es posible.

El Teatro Principal según parece fue construido sobre un antiguo cementerio, que bien    podría pertenecer al ya mencionado Hospital de la Piedad fundado por testamento en el año 1612 por el licenciado Gabriel Gutiérrez de Prado donde se cuidaban enfermos no contagiosos, sin excepción de naturaleza o vecindad, o al cementerio del Oratorio-Enfermería de San Pedro de Alcántara también del siglo XVII y próximo al lugar.

Escena teatral, El Fenix 1846 (f.I.)

Pero según la leyenda popular, el cementerio pertenecía a un convento de monjas, al cual no hacía mucho tiempo había entrado como novicia una joven y bella dama cacereña. Al mes de su noviciado apareció por la Villa de Cáceres un apuesto caballero, el cual al ver a la joven novicia en sus paseos diarios, se dedicó a cortejarla y a enamorarla. Pronto la joven novicia le correspondió en sus halagos, y el caballero le propuso dejar el convento y contraer matrimonio. La familia y la congregación se opusieron tajantemente a aquella relación, pues por promesa los padres habían ofrecido que su hija profesara en el convento, además de haber pagado una suculenta dote que las hermanas no estaban dispuesta a devolver.

Ante la negativa de la familia, el caballero le propuso a la joven novicia huir de la villa al anochecer y desposarse en una pequeña ermita de las afuera. Los padres enterados de la huida, avisaron a las monjas que recluyeron las salidas de la novicia al interior del convento y siempre acompañada de una hermana y por las noches era encerrada bajo llave en su celda.

Pasó el tiempo y el caballero ante la imposibilidad de verla, desistió de su amor y marchó hacia tierras más lejanas. La novicia enterada de la marcha del caballero, cayó en el abatimiento, la tristeza y el desamor, y en uno de sus paseos por el patio aprovechó el despiste de su cuidadora y acercándose al brocal del pozo se arrojó a él. Y según cuentan ese es el origen del fantasma de la atormentada monja, que vaga por el patio hasta la vuelta de su amor. 

Estado actual del interior de Teatro Principal (F.I.)

            Desgraciadamente el edificio que albergó al Teatro Principal de Cáceres está en la actualidad casi derruido y olvidado, nuevamente siglos de historias se perderán por dejadez de las distintas autoridades que han gobernado la ciudad a lo largo de los años.

Más leyendas son, y así te las he contado.

           
Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
-“Cáceres visto por un periodista.” Germán Sellers de Paz
-“Recuerdos cacereños del siglo XIX.” Publio Hurtado
-“Paseo por la eternidad”. Francisco Acedo Fernández 
   Pereira
-Artículo “Los relatos extraordinarios de Cáceres”. 
  Antonio Rodríguez González 

sábado, 17 de mayo de 2014

La matanza de Montánchez del siglo XII.

A finales de abril de 1195 el Califa almohade Abu Yusuf Yaqub al-Mansur “el victorioso”, apodado así tras derrotar a las tropas cristiana en la batalla de Alarcos, parte de Marraquech al mando de un impresionante ejercito. Un  mes después de su salida cruza el Estrecho de Gibraltar, su intención acabar con los continuos ataques castellanos en tierras de Jaén y Córdoba. En junio al frente de su magnífico ejército compuesto por árabes y bereberes llegan a Córdoba, donde se le unen tropas andalusíes, y siguiendo la vía de Balata (“camino empedrado” que es como los árabes conocían la actual Ruta de la Plata),  va tomando ciudades, villas y castillos, unas al asalto y otras rindiéndose ante su supremacía.

Vista del Castillo de Montánchez.

De los primeros en capitular fue el castillo de Montánchez. La pequeña guarnición que lo custodiaba estaba decidida a resistir con su vida el ataque, y así lo hicieron los primeros días ante la vanguardia almohade. Pero cuando vieron aparecer por la llanura al grueso del majestuoso ejercito sarraceno al mando de poderoso Califa Abu Yusuf Yaqub, se dieron cuenta que la batalla estaba decidida a favor de enemigo. Aquellas fastuosas huestes contaban entre sus filas con miles de soldados, se cree que estaba compuesto por 30.000,  entre tropa de a pie, arqueros, lanceros, tropas a caballo, y unas poderosas máquinas de guerra y asedio.

Valientemente resistieron varios días de sitio, rodeados por doquier y bajo tremendos ataques por todos sus flancos, pero ante la imposibilidad de recibir ayuda proveniente de la villa de Trujillo, pues habían sido avisados de que algunos grupos de guerreros árabes se dedicaban a realizar razias en las aldeas y pueblos de los alrededores, cortando los caminos de información. Y tras ver que la resistencia iba ha resultar inútil, el señor del castillo de Montánchez, tras consultar en audiencia a sus capitanes y anteponiendo las vidas de los aldeanos, mujeres y niños, que les habían sido encomendados para su seguridad, decide parlamentar con el enemigo.
 
Representación de Abu Yaqub-al-mansur (F.I.)

 
Al caer el sol, en una de las frecuentes treguas para recoger a los muertos en combate, las trompetas suenan desde los muros, el portón del castillo se abre y el pesado enrejado es izado, tras el sale un heraldo a caballo portando una bandera blanca. A mitad de camino entre el castillo y las fuerzas sitiadoras se detiene. A lo lejos proveniente del campamento enemigo se acerca un jinete sarracenos también portando estandarte blanco.


Reunidos ambos, el mensajero cristiano hace entrega de una misiva al sarraceno, en la cual el señor del castillo de Montánchez, solicita parlamento con el califa. El lugar indicado a mitad de trayecto, y la hora señalada, al mediodía de mañana. Comprometiéndose él y sus cuatro acompañantes a no portar ningún tipo de arma y hacer respetar la tregua pactada.


Tras media hora de esperar, el jinete sarraceno se acerca nuevamente al cristiano y le hace entrega de la repuesta del Califa. El mensajero cristiano vuelve al castillo portando la respuesta, en la cual acepta el parlamento.

Castillo sitiado por tropas árabes.


A la hora señalada del día siguiente, suenan trompetas, el portón del castillo se abre nuevamente y el enrejado es arriado, de el salen montando caballos negros el señor del castillo junto a un heraldo portando bandera blanca, y tres caballeros, todos ellos desarmados. A la vez del campamento sarraceno sale cinco jinetes, también desarmados y portado enseña blanca. A mitad de camino se encuentran y comienza el parlamento.

“He aquí a mi señor el Califa Abu Yusuf Yaqub” -Dijo el heraldo sarraceno. -

Abu Yusuf Yaqub montaba en un maravillo corcel blanco, sus rasgos  árabes, ojos perfilados con kohl, barbar acicalada y porte majestuoso lo hacía aun más carismático. Junto a él cautelosos estaban sus lugartenientes y compañeros de batallas.

Presentase entonces el caballero cristiano tras reverenciarse y dirigiéndose al Califa le dijo:

“Señor Abu Yusuf, entregaros el castillo queremos sin resistencia alguna, mas bajo ciertas condiciones y por ello respetando vuestras leyes y como caballeros que somos nos acogemos al Aman” (El Aman, son las reglas de conducta a seguir de los árabes con los vencidos, como por ejemplo, si matarlos, darles la libertad o esclavizarlos.)

“Por Alá que así se ha de hacer, y por ello que os concedo el perdón  y un salvoconducto para todos, soldados, aldeanos, mujeres, niños y ancianos. Pero deberéis abandonar el castillo mañana a la salida del sol, y seréis escoltados como hombres libres hacia tierras cristianas. Además –continuó diciendo el Califa- todo soldado y caballero deberá hacer entrega de su espada, daga, lanza, arco y escudo, o aquellos que sean hallados portando un arma serán ejecutados. Tenéis la palabra de Abu Yusuf Yaqub.”

Discutidos los términos y sellado el tratado la representación cristiana regreso al castillo a comunicar la noticia.

Puerta del castillo de Montánchez

A la mañana siguiente los habitantes de Montánchez abandonaban el castillo, a las puertas soldados sarracenos al mando del Caíd Abu Abd Allah b. Sanadid les esperaban para escoltarlos hacia tierras más al norte. Soldados y caballeros según salían iban arrojado sus armas a los pies de un enemigo siempre vigilante.

 Cansados, tristes y temerosos, marchaban dejando atrás sus vidas. Los ancianos, los heridos y los niños iban hacinados en carromatos o burros, los caballeros y los más pudientes a caballo, y todos los demás a pie portando los pocos enseres que les quedaban. La travesía iba a ser larga.

A medio día de jornada, la caravana acampa cerca de Villavieja del Tamuja, donde es emboscada y atacada por un grupo de árabes fanatizados que se hallaban realizando razias por dichos valles. El silencio del valle deja paso a unos agudos silbidos lejanos que se hacían más atronadores por segundo, y de repente una lluvia de flechas cubrió el cielo, el miedo y la confusión se apoderó de la caravana. De los árboles empezaron a salir salteadores árabes matando a diestro y siniestro, sin respetar a sus propios hermanos de raza, que incrédulos y sorprendidos luchaban unos e huían otros. Los soldados cristianos indefensos utilizaban como arma todo lo que encontraban, palos, piedras y sus propias manos eran sus defensas, pero poco o nada pudieron hacer frente a los bien equipados saqueadores árabes, que sin piedad alguna mataron sangrientamente a todo cristiano o musulmán que le opusieron resistencia.


Terminada la batalla, los salteadores sin piedad alguna, pasaron a cuchillo a todo hombre que aún quedaba en pie, sin respetar entre soldados o aldeanos, ancianos o heridos, sólo las mujeres y los niños se salvaron de la masacre para ser esclavizados y comerciar con ellos. Hoy aquel lugar aún es conocido como el “Valle de la Matanza.”

Escena de batalla, Cantigas de Alfonso X

Pronto las noticias de la masacre llegaron a oídos de Abu Yusuf Yaqub, el tratado había sido quebrantado, su palabra y su honor había sido mancillado, aquella violación del aman  no debía quedar impune, aunque los atacantes fueran de su propia raza. Mandó el Califa llamar a su mejor capitán y le habló:

“Te encomiendo la tarea de reparar la atrocidad cometida. Reúne a un grupo de los mejores hombres de entre mis tropas y parte de inmediato. Busca, apresa o mata a todo aquel musulmán que haya participado en quebrantar nuestras leyes y rescata a cuantos cautivos tengan, libéralos y condúcelos a salvo hasta su reino. Mi palabra y mi honor ha sido mancillado.”

“Por Alá, que así se hará mi señor. Tu palabra será ley y tu honor restablecido.” –Dijo Amir al-Muminin, antes de partir.-

Pronto las huestes de Amir al-Muminin encontraron a los salteadores a los que dieron caza, algunos se resistieron y plantaron batalla los demás fueron apresados y encarcelados. Las mujeres y niños cautivos, aterrados temían por su muerte, pero ante su asombro fueron liberados.

“Por orden de mi señor el Califa Abu Yusuf Yaqub, seréis liberados y conducidos sanos y salvo a vuestro reino. Pongo mi vida en ello.” -Dijo el capitán almohade.-

Se les dio ropas, aguas y alimentos y fueron conducidos y escoltados hacia la zona cristiana donde fueron acogidos. El aman se había restablecido.

Muralla del castillo de Montánchez.

Los saqueadores árabes fueron conducidos a presencia del Califa al que suplicaron su perdón:

“Gran señor Abu Yusuf Yaqub, apelamos a su magnificencia y os suplicamos el perdón, mi gran señor –habló uno de los cautivos árabes que se hallaban encadenados y arrodillados frente al Califa- sólo eran cristianos a los que atacamos y dimos muerte.”

“Cristianos eran, pero estaban acogidos al aman, y por lo tanto bajo mi protección, y no lo respetasteis. “ –Dijo el Califa.-

“Piedad, por Alá, piedad”- Dijeron algunos cautivos.-

“Tendré la misma piedad y misericordia que vosotros tuvisteis con los cristianos” –Y tras pronunciar estas palabras fueron ajusticiados en público.-

Se había impartido justicia y la palabra y el honor de Abu Yusuf Yaqub había sido restaurado.

  Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños.


Fuentes consultadas:

-“Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo CXCVIII. Número I.” V.V.A.A.
-“Alarcos 1195.” Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez
-“La guerra Santa según el Derecho Mâliki” Felipe Maíllo Salgado
-“Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal.” Sebastián de Miñano.