domingo, 13 de abril de 2014

Héroes cacereños olvidados: Doña Mencía de los Nidos

Mencía de los Nidos (F.I.)

           Poco se sabe y se conoce de las primeras españolas que pasaron al Nuevo Mundo, pues fueron obviadas tanto por cronistas como por los propios conquistadores, pero la mayoría de ellas llegaron a las Américas para colonizar o sea, para inculcar los modos y costumbres culturales, familiares y de convivencias españolas. Aunque otras antes las adversidades que se encontraron destacaron como heroínas, y una de ellas fue la cacereña Mencía de los Nidos.

La familia de los Nidos era hidalgos pertenecientes a la pequeña nobleza cacereña. En la actual calle Tiendas tenían su casa familiar Francisco de los Nidos y doña Beatriz Álvarez Copete, que trajeron al mundo sietes hijos, Hernando Alonso de los Nidos, Gonzalo de los Nidos, Francisco de los Nidos, María de los Nidos, Mencía de los Nidos, Juana Copete de Sotomayor y a Jerónimo de los Nidos. Casi todos ellos emigraron a las Américas en el siglo XVI.

Mapa de Sur-américa en 1592 (Theodore de Bry)

El primero de los hermanos en pasar a las Américas, fue Hernando Alonso de los Nidos en el año 1527, donde formó asiento en la nao de Cristóbal de Arezo, en donde se le pierde la pista. Un año más tarde Gonzalo de los Nidos pasa por primera vez en la nao de Andrés de Campo con destino a Nicaragua, y desde allí parte hacia el Perú en 1532, donde llegó a estar en Jauja junto a Pizarro. En 1537 es nombrado Regidor de Cuzco (Perú), donde se le une su hermano Francisco en el año 1542, aunque por poco tiempo pues Francisco moriría en la Batalla de Chupas, donde en una guerra civil se enfrentaron los llamados pizarrista (fieles a los hermanos Pizarro) y los almagrista (fieles a Diego de Almagro), ambos conquistadores españoles, pero esa historia quizás la cuente otro día.


Gonzalo tiene que regresar a España a responder sobre la muerte de un compatriota y cuando vuelve a partir hacia las indias en el año 1544 se lleva con él a sus hermanas Juana y  a nuestra protagonista Mecía de los Nidos.

Mencía había nacido en Cáceres entre los años 1514 y 1518, donde se crió y creció hasta que partió con sus hermanos rumbo a Panamá de donde pasó al Perú. En el 1548, tras el ajusticiamiento a muerte de su hermano Gonzalo junto a otros pizarristas, puso rumbo a Chile, donde se instaló en la ciudad de Concepción años después.

            Pero antes de relatar la historia de esta singular heroína cacereña en tierras chilenas, debemos conocer algo de la conquista de Chile o Nueva Extremadura como fue llamada.

Pedro de Valdivia de Federico de Madrazo

Fue iniciada en el año 1540 por Pedro de Valdivia, natural de la zona de la Serena (Badajoz), que partió del Perú con un ejército de once soldados, amigos todos ellos, pero que en su camino de descubrimiento y conquista se le unieron muchos otros soldados. A Valdivia le acompañaba su amante en tierras americanas Inés de Suarez, pues Valdivia estaba casado y su mujer residía en España. Inés de Suarez nacida en Plasencia (Cáceres) fue la primera mujer en pisar tierras chilenas, y otras de las heroínas de la conquista, de la que otro día escribiré.

En 1541 fundaron Santiago de Nueva Extremadura, capital y punto de partida de sus expediciones hacia un sur de Chile inexplorado. En una de sus incursiones funda en el año 1550 la ciudad de la Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo, en la cual Valdivia dio solares a los soldados que le acompañaban y que allí serían vecinos. Delineó la plaza de armas, donde plantó una cruz, el ayuntamiento, la iglesia y las cárceles, además de construir casas provisionales para quienes les acompañaban.

Fundación de Santiago por Pedro de Valdivia de Pedro Lira

En 1554 hallándose el lugarteniente de Valdivia, Francisco de Villagra, con sus soldados en tierras del sur, cerca del rio Ralhue, donde se disponía a fundar un nuevo asentamiento por comisión de este, recibe un correo donde se le informaba de la derrota y muerte de Pedro de Valdivia en el fuerte de Tucapel donde había acudido a socorrerlos con unos cuarenta soldados que había reunido.

En la batalla de Tucapel 6.000 mapuche armados de mazas, lanzas, macanas, hondas y arcos, al mando de un joven líder Lautaro, que había estado al servicio de Valdivia durante 6 años, y que ahora no sobre pasaba los 18 años, derrotó a un experimentado guerrero Pedro de Valdivia de 56 años. El plan estratégico que ingeniosamente había elaborado y coordinado, consistía en aprovechar el terreno favorable para atacar en sucesivas oleadas de escuadrones a los españoles, sin darles tregua ni descanso a hombres y caballos. Así consigue derrotar a las bien equipadas tropas españolas que contaban con corazas, armas de fuego y caballos, apoyados además por 1.000 o 2.000 yanaconas (indios al servicio de los españoles).

Guerra de Arauco de Gerónimo de Bibar

Tras varias horas de lucha, y con la batalla perdida las trompetas de Valdivia tocan retirada para los pocos sobrevivientes que quedan, pero Lautaro lanza una nueva ofensiva tras los fugitivos españoles que con los caballos extenuados van cayendo uno a uno. Sólo logran escapar Valdivia, su traductor el yanacona Agustinillo y el clérigo Pozo, pero a pocos metros sus caballos caen en una ciénaga donde son derribados y apresados por los mapuches. Arrastrándolos, son llevados ante la presencia de la Lautaro y sus caudillos, allí el yanacona Agustinillo es el primero en morir descuartizado, después les llegaría el turno al padre Pozo y a Valdivia que de un golpe de macana fue derribado, su corazón fue arrancado de su pecho, dividido en pequeños trozos y devorado por los caciques mapuches, mientras que su cabeza cercenada era clavada en una pica y paseada por los nativos por todo su campamento.

 Todos estos hechos fueron narrados poco tiempo después por indígenas que participaron en la batalla pues no hubo ningún superviviente español.

Últimos momentos Valdivia . Grabado del siglo XIX

Enterado Francisco de Villagra de la muerte del gobernador, repliega inmediatamente sus huestes hacia el norte y en su camino de regreso en la ciudad de Valdivia es elegido por el cabildo (ayuntamiento) Justicia Mayor y Capitán General de la Gobernación al mando de las tropas de guerra. En Valdivia deja sesenta soldados para su defensa y sigue hacia la Imperial y después hacia la ciudad de Concepción.

Cuando llega Concepción se encuentra además de los colonos que la habitaban, con alrededor 230 soldados bien equipados. Pero lejos de reagruparse y quedarse a defender la ciudad a la espera de refuerzos desde Santiago, Villagra con ansias de venganza une a sus filas a 154 soldados de los que defendían la ciudad, treinta arcabuces, baluartes portátiles para protegerlos de las flechas y seis cañones. Y dejando una ciudad temerosa e indefensa en manos una pequeña guarnición de sesenta hombres, además de ancianos y mujeres, parte en busca de los araucanos.

Pero en Marigüeñu (al sur de Concepción) la suerte de los españoles iba a ser la misma que en Tucapel, los araucanos con Lautaro al mando del ejército más numerosos que jamás habían reunido (entre 40.000 y 15.000 según las crónicas) y con la misma estrategia de Tucapel derrotaron a un Villagra que estuvo siempre guerreando con gran coraje en primera línea de batalla. Pero tras ocho agotadoras horas peleando, y habiendo abatido a cerca de 2.000 araucanos, exhaustos por el esfuerzo, sin agua y con la perdida de la artillería, Villagra tocó retirada, el pánico se hizo presa entonces de los supervivientes, que ignorando las ordenes de su capitán huyeron en desbandadas.

Mapa de las Batallas de Lautaro (F. Legión Andina)

Cerca del rio Biobío, Villagra logro reunir a los pocos supervivientes que desarmados y malheridos iban llegando, y cruzándolo en unos maderos marcharon de vuelta a Concepción, solo sesenta y seis llegaron.

El caos y el pánico ante las derrotas infligidas recorrió pronto la ciudad cuando llegaron y más cuando vieron entrar en ella a las maltrechas tropas de Francisco de Villagra, aquellos hombres que habían salido triunfales llegaban ahora heridos, desfigurados, con los ropajes raidos, ensangrentados como los pocos caballos que traían y sin apenas armas, e incluso Villagra era apenas reconocible por los suyos por sus heridas.

Cuando todos se estaban preparándose para defender la ciudad, armándose unos y atrincherándose otros, se corrió la voz de que los mapuches iban a cruzar el rio Biobío. Villagra aprovechando el terror que se había desatado instó al cabildo a abandonar la ciudad. Decidido, reunió en la plaza a la población y dirigiéndose a ellos ordenó su desalojo. Pensaba mas Francisco de Villagra en aquel momento en reclamar en Santiago para sí el titulo de gobernador dejado por Valdivia que en defender las tierras y los enseres de los habitantes de Concepción.

Lautaro liderando sus tropas (F.I.)

Mencía de los Nidos que se hallaba postrada en una camada en su casa a causa de una enfermedad, al escuchar el tumulto y la algarabía que se formó en la plaza, tomó fuerzas de flaqueza y agarrando escudo y espada, salió hacia ella. Cuando llegó se abrió paso entre la multitud que agitada allí se agolpaba y llegando hasta el mismísimo Villagra encarase con él y reprochándole su falta de valentía y valor le espeta:

Señor general, pues vuestra merced quiere nuestra destrucción sin tener respeto a lo mucho que perdemos todos en general, si esta despoblada es por algún provecho particular que a vuestra merced resulta, váyase vuesa merced en hora buena, que las mujeres sustentaremos nuestras casas y haciendas, y no dejarnos ansí ir perdidas a las ajenas, sin ver por qué, mas de por una nueva que se ha echado por el pueblo, que debe haber salido de algún hombrecillo sin ánimo, y no quiera vuesa merced hacernos en general tan mala obra.”

Grabado de Villagra (F.I.)

Denunciando así públicamente la cobardía de Villagra y de los que le seguían en su huida, Mencía enferma pero con gran valentía e ímpetu arengó a la población para que no huyeran deshonrosamente hacia Santiago, si no que defendieran sus tierras y bienes hasta la muerte si hiciera falta, aquel coraje de aquella mujer cacereña que no dudaba en enfrentarse al mismísimo Lautaro cara a cara, enalteció a las mujeres de Concepción. Pero Villagra estaba decidido a abandonar la ciudad a su suerte, y aduciendo que los militares y las armas de las que disponían eran insuficientes ordenó su desalojo.

Aquella heroína cacereña con más coraje que los propios militares trató en vano evitar el abandono y el posterior saqueo y quema de la ciudad. Pues aquellos que en un principio se habían unido a ella para defender Concepción al ver como Villagra hacía caso omiso de aquellas aguerridas palabras y abandonaba precipitadamente la ciudad junto a sus soldados y la mayoría de los habitantes de Concepción que cargaban las pocas posesiones que podían salvar, bien por miedo o bien por cobardía los que antes la apoyaban se unieron a ellos. Tuvo entonces con gran rabia que desistir en su intento de defender la ciudad. Afligidos y llorosos las mujeres, niños, ancianos y todo aquel que no pudiera caminar fueron colocados en la dos embarcaciones que había y marcharon por mar, el resto partieron hacia Santiago a pie o caballo.

Bahía de Concepción en 1620 de Bry.

   Pero los mapuches no habían cruzado el rio, estaban saqueando lo dejado por los españoles en el campo de batalla de Marigüeñu y celebrando su victoria. Y sólo varios días después Concepción fue saqueada sin resistencia alguna y reducida a cenizas por las huestes de Lautaro.

Mencía de los Nidos, tras haber estado casada dos veces moría sin descendencia el 6 de enero de 1603 en Santiago de Chile, dejando todos sus bienes a su sobrino nieto el capitán Luis Monte de Sotomayor de Cáceres. Fue enterrada en el Convento de la Merced de Santiago de Chile.

Alonso de Ercilla y Zúñiga de El Greco

El poeta Alonso de Ercilla y Zúñiga, le dedicó toda oda a su valentía y coraje, en el Canto VII (octavas 20-31) de su obra “La Araucana”.


Doña Mencía de Nidos, una dama
noble, discreta, valerosa, osada,
es aquella que alcanza tanta fama
en tiempo que a los hombres es negada:
estando enferma y flaca en una cama,
siente el grande alboroto, y esforzada
asiendo de una espada y un escudo,
salió tras los vecinos como pudo.

….(sigue)

Pero con más dolor doña Mencía,
que dello daba indicio y muestra clara,
con la espada desnuda los impedía,
y en medio de la cuesta y dellos para.
El rostro hacía la ciudad vuelto decía:
“Oh valiente nación, a quien tan cara
cuesta la tierra y opinión ganada
 por el rigor y el filo de la espada!

…(sigue)


En Cáceres el valor de esta aguerrida cacereña en tierras chilenas, permanece desconocido y olvidado, aquella mujer de la que el capitán Alonso de Góngora Marmolejo escribió:

“Que si esta matrona fuera en tiempo que Roma mandaba el mundo y le acaeciera caso semejante, le hicieran templo donde fuera venerada para siempre.” 

Solamente una calle en Cáceres hace referencia al noble linaje de los Nidos, la calle Nidos, cerca de la plaza Mayor.

Pero así es la historia, gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:

- “Historia de Chile desde sus descubrimiento hasta el año 1575.” Alonso de Góngora Marmolejo.
-“La Araucana.” Alonso de Ercilla y Zúñiga
 -“Historia General de Chile II.” Diego Barros Arana
-“Historia de Chile. Cronología general de Chile” Francisco Antonio Encina
-“Historia de Concepción.” Guillermo Coz y Méndez.
-“Doña Mencía de los Nidos.” José de Rújula y de Ochotorena y Antonio del Solar y Taboada.
-“La familia de doña Mencía de los Nidos. Heroína Cacereña.” José M. de Mayoralgo y Lodo.

-“Paseo por la eternidad.” Francisco Acedo  

sábado, 22 de marzo de 2014

Monumentos desaparecidos: El Seminario de San Pedro

                Otro de los monumentos con una larga historia que desapareció del mapa urbanístico de Cáceres fue el Seminario de San Pedro, edificio del siglo XVI, que fue derribado en 1969. Y como anteriores derrumbes (como la Puerta de Mérida o la Puerta de Coria, ya citas) fue concebido y ejecutado por iniciativa de los políticos del gobierno de turno en el Ayuntamiento de Cáceres.
Fachada del Seminario de Galarza, 192? (F.I.)
En otros de mis relatos anteriores ("Una Historia del Palacio de Galarza") ya mencioné al Obispo de Coria don Pedro García de Galarza (1538-1604) consejero y amigo personal de Felipe II. Pedro de Galarza fue un Obispo que  favoreció mas a la villa de Cáceres en detrimento de Coria que era sede episcopal.

Unas de sus grandes obras fue la construcción del Seminario de San Pedro. Según ordenaba el Concilio de Trento en cada diócesis debía haber un seminario, por ello en 1579 Pedro de Galarza comienza la construcción del seminario de su diócesis, pero no en Coria donde estaba la catedral y la sede episcopal, si no que lo manda edificar en Cáceres. Ante esta decisión la sede episcopal cauriense expresó su rechazo y oposición ante las más altas instancias religiosas, teniendo que intervenir el Papa Clemente VIII deteniendo las obras del seminario en 1595.

Obispo don Pedro de Galrza (F.I.)

Pero en 1603 el Obispo Galarza para salvar su proyecto, otorga a la villa de Cáceres una escritura pública para la fundación de un colegio dedicado a la formación de los jóvenes de la diócesis. Ante esta maniobra del Obispo, el Papa Clemente VIII no tiene más remedio que por Bula del 16 de mayo de 1604 declararlo Seminario Conciliar bajo la advocación de San Pedro Apóstol, saliéndose así el obispo con la suya, para beneficio de la Villa.

El lugar elegido para su edificación fueron unos terrenos a las afuera de la ciudad, “en el Ejido de la villa que llaman de las Parras” y a su edificación se destino unas casas que el propio obispo tenía en los arrabales de la ciudad y diez mil ducados.

Para su reglamento se copiaron las reglas del Colegio de Sigüenza. Pero además, el Obispo dispuso que en el Seminario debían estudiar siete mozos pobres por los sietes arciprestazgos que pertenecían a la diócesis (Coria, Cáceres, Alcántara, Valencia de Alcántara, Granadilla, Montemayor y Galisteo) con la condición de ser hijos “de legítimo matrimonio de padres honrados, de doce años, que no pudieran pagarles los estudios” junto a estos elegidos estudiarían en el seminario todos aquellos que se lo pudieran costear.

Seminario de San Pedro convertido en Cuartel, 192? (F.I.)
       
      El Seminario fue en aquellos tiempos la cuna de la cultura de la Villa y los alrededores, ejerciendo como rector el propio Obispo. En él se estudiaban las cátedras de retórica, griego, hebreo, lógica, filosofía, teología, Sagradas Escrituras, liturgia o latín, entre otras. Y muchos fueron lo nobles que lo avalaron y protegieron como Juan de Toledo Moctezuma, el Bachiller Bartolomé de la Flor o Jerónimo de Godoy Ovando.

En el año 1750 ante la precariedad del edificio, el Obispo José García Álvaro decide trasladar el Seminario al Colegio de San Francisco Javier, en la Plaza de San Jorge, permutando el antiguo edificio al Concejo de la Villa a cambio de unos olivares.

Varios fueron los Obispo posteriores que intentaron llevarse el Seminario a Coria, pero este traslado no se hizo efectivo hasta el año 1845.

Pero volvamos con el edificio del Seminario de San Pedro. ¿Qué fue de él después de la permuta con el Concejo?

Bien, pues varios fueron los usos que le dieron, pero el principal y más destacado fue el de cuartel militar. En Cáceres no había guarnición permanente, si no que se turnaban los regimientos, y el regimiento de turno venía temporalmente desde Badajoz, Málaga o Castilla, alojándose en el antiguo Seminario de Galarza. Y no será hasta 1919, cuando adaptado el edificio a las exigencias militares se asiente definitivamente en Cáceres el Regimiento de Infantería de Segovia nº 75. En 1924 el Regimiento se traslada al recién levantado Cuartel Infanta Isabel de Borbon junto a la plaza de toros, cambiando el nombre a Regimiento Argel nº 27.

Cuartel Infanta Isabel de Cáceres, 19?? (F.I.)

Con este traslado el Viejo Cuartel o Seminario de Galarza pasa nuevamente a manos del ayuntamiento, que lo destina a escuelas de niños. Pero en el año 1969 el ayuntamiento de Cáceres al cargo del cual estaba el alcalde Alfonso Díaz de Bustamante, y como gobernador civil Federico Trillo y Figueroa, ordenó demoler el antiguo Seminario de Galarza, declarado monumento histórico nacional, obviando toda su historia y bagaje artístico, para construir un vulgar mercado de abasto.

Mercado de abasto de 1972, Cáceres (F.I.)

De la atroz demolición, por suerte, se salvaron tres fachadas que las ubicaron en otros edificios o se utilizaron para levantar nuevos palacios, dentro del recinto amurallado.

La fachada principal del Seminario se ubicó en los muros traseros del Palacio Episcopal (cerca de la Puerta de la Estrella), donde la podemos contemplar actualmente sin su esplendor de antaño. Incluso al colocarla se equivocaron en el orden de las letras y entre las representaciones de “la fortaleza” y “la justicia” podemos leer “Don García de Calarza Obispo de Goria”.
Antigua portada del Seminario, Cáceres (F. Sergio Ciriero)

La portada interior del Seminario de Galarza se incrustó junto a otros elementos arquitectónicos en el actual Palacio de la Diputación de Cáceres, en la Plaza de Santa María, en la reconstrucción que se hizo en el palacio en los años 60. Este palacio había sido en el siglo XV el  Convento de Santa María de Jesús cuyas monjas estaban bajo la regla de San Jerónimo, y que tenían su entrada al convento por la calle Amargura. Desde entonces ha sufrido múltiples reconstrucciones.

Palacio de la Diputación, Cáceres (F. Sergio Ciriero)

La tercera portada que se salvó se reutilizó para edificar un palacio imitando la arquitectura del entorno, pero que apenas tiene 44 años de antigüedad, es el Palacio donde se halla la delegación de Obras Públicas, también en la Plaza de Santa María, donde podemos apreciar además de la portada, los balcones y escudos del antiguo Seminario de Galarza. En este solar estuvo la Ermita de Santa Catalina del siglo XV.

Delegación de Obras Públicas, Cáceres. (F. Sergio Ciriero)

En el antiguo solar al final de la calle Parras donde estuvo ubicado el Seminario San Pedro, y posteriormente en mercado de abasto, hoy se levanta un parking y el único recuerdo que queda de tan insigne edificio es el nombre de la plaza, “Plaza del Obispo de Galarza”.

Gracias y hasta la próxima.

Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:  -“Noticias históricas de Cáceres.”
                                         Simón Benito Boxoyo.
                                      -“Recuerdos cacereños del siglo XIX.” 
                                         Publio Hurtado.
  -“Cáceres visto por un periodista.” 
     Germán Sellers de Paz
  -“Episcopologio Cauriense.” Miguel A. 
     Ortí Belmonte.
  -“Cáceres, paseo por la eternidad.” 
    Francisco Acedo

sábado, 1 de marzo de 2014

Historia de una nueva excomulgación en Cáceres.


Como bien se sabe la historia es cíclica y tenemos una tendencia a repetir los hechos, buenos o malos, una y otra vez. Por ello en el año 1.543 el consistorio cacereño junto a algunos de sus habitantes fueron nuevamente excomulgados por las autoridades eclesiásticas.

Lápida de excomunión en Milano (F. G. Dall'Orto)
Aquel día de mayo de 1.543 la jornada había transcurrido como la de cualquier otro día en la taberna de nombre "el caldero”. Esta pequeña taberna estaba regentada por Tomás al cual ayudaba su mujer Mencía. Tomás era un antiguo labriego venido a más mediante una herencia de terrenos que tras venderla por unos buenos dineros, compró una casona en una de las callejuelas del interior de la Villa la cual convirtió en taberna siendo desde entonces de las más visitadas.
Aquella casona que se diferencia de las demás por el pequeño cartel de madera que colgaba en su fachada y en el cual se podía leer “Taberna el Caldero” acompañado del dibujo de un caldero y también para aquellos que no sabían leer, la mayoría en aquella época, estaba adornado por una rama en la puerta (de ahí el término rameras).


Callejón de la Monja en Cáceres (F. Alfonso Soler)
Como he dicho la tarde en la taberna había sido tranquila dentro de la  tranquilidad que puede ofrecer un establecimiento casi oscuro, mal ventilado y de escasa limpieza. Iluminado sólo por unas pocas velas, el aroma que se respiraba en aquel tugurio, era desagradable y pegajoso, una mezcla de vinos, carnes salazonadas y olores corporales de la clientela, que sin decoro ninguno hacían sus necesidades en un patio cercano donde se guardaban gallinas, puercos y caballos. En aquel lugar abunda el vino, el juego y algunas mujeres de mala reputación.
A la clientela habitual que frecuentaba la taberna, caleros, curtidores, molineros de la ribera, labriegos y algún hijodalgo, aquella tarde había en el Caldero no más de cuatro o cinco forasteros de paso, quizás comerciantes o quizás buscavidas, sea como fuere, seguro que todos por ser jueves de carne habían degustado un buen plato de olla podrida, especialidad de la casa, que Mencía había preparado a fuego lento, además de beber sin mesura los bendecidos vinos (o sea aguados) que Tomás servía y que provenían de la cercana aldea de Casar de Cáceres.

Venta en Extremadura (Gustavo Doré 1862)

               En uno de los rincones oscuros de la respetable taberna uno de los forasteros que según el mismo había contado entre historias y tragos de vino iba de camino a tierras del sur, se hallaba inmerso en una partida de dados, en donde la suerte le estaba resultando un tanto esquiva, mucho era ya lo perdido en el juego y mucho era también su mal genio. En el transcurso de la misma, harto de perder y de vino, acusa uno de sus compañeros de partida, el más beneficiado hasta el momento, de hacer trampas.
"Vos sois un sucio tahúr, no es posible tener tanta suerte en los dados.” -Gritó el forastero levantándose bruscamente del taburete y alzando cada vez más la voz.- “Habéis hecho trampa y me devolveréis todo lo que me habéis robado"
El susodicho acusado que era un vecino de la Villa, de apellido Jemio, le responde:- "Me acusáis en vano caballero. Por Dios os digo que no es cierto, y que sólo es una racha de buena suerte, la que me favorece."-
"Exijo que me devolváis mis dineros o pagareis con vuestra vida." -Volvió a gritar iracundo el forastero encarándose con el cacereño.-
Todos los allí presentes volvieron sus miradas hacia ellos, unos temeroso y otros alegrados de ver una trifulca.
"Os repito que sólo es una racha y lo apostado y ganado ni se devuelve ni se regala...” -Volvió a responder el tal Jemio recogiendo lo ganado.-
Es ese instante cuando el extranjero iba echar mano de una daga que llevaba oculta bajo una de sus mangas cuando interviene el tabernero Tomás, y situándote entre ambos contrincantes garrote en mano, dijo al forastero.
"En mi taberna no consiento ni disputas ni peleas, largaos de aquí o llamare a la guardia"
Agraviado y exacerbado el forastero se puso su sombrero, y mientras abandonaba la taberna agitando bruscamente las manos y gritando: -"Esto no quedara así, me las pagarás, me escuchas me las pagarás, sucio labriego." – Le lanzó un escupitajo a los pies de Jemio antes de desaparecer por la puerta.

La taberna de Antonio de Puga (F.I.)
Con la marcha del extranjero la calma volvió a la taberna de Tomás. Y Jemio ahora sentado juntó a una meretriz disfrutaba de los dineros ganados bebiendo e invitando a vinos a los parroquianos. Hasta qué ebrio a más no tomar, decide marchar a casa. -"Hasta mañana, quedan ustedes con Dios." -Despidiose a trabalenguas.
Pero como bien dicen, la venganza es un plato que se sirve frío, y tras abandonar la taberna, no muy lejos alguien le observaba oculto tras una esquina. Era el forastero, que con la intención de recuperar sus dineros siguió sigilosamente los pasos que a trancas y barrancas iba dando el mal envinado vecino.
Cauteloso de que nadie le viera andaba el forastero, cuando en una calle solitaria vio su oportunidad, el vecino se había parado a descansar apoyándose en una pared, el vengativo extranjero se acercó daga en mano al cacereño, y agarrándolo con la otra por uno de sus hombros le dio media vuelta, y mirándolo cara a cara le dijo:-"¡Me recuerdas!” -Y asestándole varias puñaladas en el vientre volvió a decir- "Yo siempre cumplo mis promesas, sucio labriego."-
Jemio se echó sus manos al estómago, que rápidamente se le empaparon de sangre, sus piernas empezaron a temblar y lentamente sostribado en una pared cae al suelo. El forastero aprovecha para registrarlo y arrancándole la saca de los dineros del cinturón, huye despavorido por una de las calles.
Jemio sentado y medio desvanecido por la sangre perdida comienza a gritar a media voz - "Socorro, so….corrooo"- mas su voz se le apaga.

Lance en el siglo XVII de  Francisco D. Marqués  (F.I.)
Casualmente, instantes después un vecino de la Villa que pasa cerca acompañado de su burra que arrastraba un pequeño carro y a la cual iba azuzando –“Vamos bonica.”- Es atraído por un extraño regato de color rojo, intrigado lo sigue y al descubrir el cuerpo cubierto de sangre de Jemio, comienza a gritar: -"Socorro, socorro a mí la guardia, lo han matado, lo han matado."-
 Alertados por los gritos, los vecinos comienzan asomarse a sus ventanas y puertas, unos murmuran, otros asustados vuelven a cerrar sus ventanas. Al rato llega la guardia, y rápidamente es depositado en la parte de atrás del carro y conducido a la casa del matasanos de la Villa, ahora su vida depende de él y del señor como le recuerda un cura que le acompaña en el carro. -“Ahora estas en manos del Señor hijo mío, besa la cruz y arrepiéntete de tus pecados.”-
Con la justicia de por medio, el corregidor de la Villa, don Alonso del Castillo, es encargado de la investigación, y una vez informado se dirige a la taberna el Caldero, lugar habitualmente frecuentado por el moribundo vecino. Allí el tabernero Tomas le relata el incidente ocurrido horas antes del suceso entre Jemio y el forastero que según dijo respondía al nombre o apellido de Segura.
"Sí señor corregidor, aquí estuvo todo el día el tal Jemio, bebiendo y jugando, y  a causa de esto último tuvo una disputa con un forastero, que creó recordar llamábanle Segura, el cual le acusó de hacerle trampas y lo amenazo de muerte."
“Y fue mucho lo perdido, pues en la escena no hallamos dineros alguno.” -Dijo el regidor.-
“Lo bastante para el seguir bebiendo, invitar a los parroquianos que se hallaban aquí presente, solicitar los favores de una meretriz y aun así llevarse un buen puñado en su saca.” -Respondió de nuevo el tabernero.-


Vistas de Cáceres
Inmediatamente el regidor da órdenes a sus guardias para que hallen y capturen al sospechoso extranjero. Tienen la ventaja de conocer la Villa, y comienzan su búsqueda en tabernas, posadas y prostíbulos.
Aun así Segura consigue abandonar la Villa por una de la puertas menos custodiadas, la de Mérida, pero la guardia le sigue los pasos y sabiendo que no tiene posibilidades de escapar, en su desesperada huida, acorralado se dirige hacia el Monasterio de San Francisco.
Cuando llega, rápidamente desmonta de su caballo y se dirige a la puerta de la portería. Allí incesantemente golpea una pequeña campana utilizada de llamador.
Al rato unos pasos se escuchan acercándose y una voz anciana grita: -“Ya voy, ya voy, ¿qué prisas son esas?”-
Tras retirar el pestillo, ve a un monje de avanzada edad que abre la puerta: -"Que queréis caballero."-
“Padre, asilo y protección en sagrado os pido. A Dios encomiendo mi vida.” –Le dijo el forastero dirigiéndose a él y besándole una de sus manos.-
“Pasad adentro os pido, la casa de Dios es la casa de todos y siempre está abierta. Pasad que os reciba el Hermano mayor.” -Respondió el anciano monje.-

Portería del Monasterio de San Francisco en Cáceres
Llevado ante la presencia del abad, Segura antes de explicarle los hechos, hizo prometer al abad que como se había acogido a derecho de asilo en sagrado, no sería entregado a las autoridades de la Villa.
“Hijo, estas en suelo sagrado y cumplir la voluntad del Señor es obligada.”
Y tras escuchar estas palabras se dispuso a explicarle su versión de los hechos, no había acabado de relatar los acontecimientos, cuando a las puertas del monasterio se escuchan golpes y gritos: -“Abrid las puertas a la guardia, abrid.”-
En ese instante entraron en la habitación donde se hallaban varios hermanos franciscanos. -“Padre, hay guardias golpeando las puertas del monasterio.” –Dijo uno de ellos.  
“Hermano acompañad al caballero a una de nuestros dormitorios, y dadle agua y algo de comer” –Dijo el abad.-

Interior de San Francisco en Cáceres
Y abandonando la sala el abad se dirigió a las puertas del monasterio donde le esperaba el hermano portero. -“Abrid las puertas, hermano.”- Le dijo sosegadamente.- Frente a ellos aparecieron el corregidor de la Villa junto a media docena de guardias armados.
“Muy armados venís a la casa del Señor, donde la paz siempre se halla.” –Le dijo el abad.-
“Sabemos que escondéis a fugitivo de la justicia, entregádnoslo voluntariamente o nosotros mismo entraremos a buscarlo.” –Le habló el corregidor.-
“No osareis profanar con vuestras armas la casa del Señor, pues si lo hacéis la ira de Dios caerá sobre todos vosotros.”-Respondió el abad.-
Los soldados atemorizados de las palabras del abad se miran unos a otros y retrocedieron unos pasos, con la iglesia habían topado.
“Solo cumplimos con nuestra obligación de hacer justicia, pues ese hombre que acogéis ha apuñalado y robado a un vecino vuestro que se encuentra al borde de la muerte.” -Dijo con voz temerosa, el corregidor.-
“Ahora está bajo la justicia divina de Dios y en sus manos está su castigo y su perdón. Y no lo entregaremos a la justicia terrenal. Id en paz” -Respondió cerrando las puertas.-
Con un gesto mandó el corregidor montar a sus guardias en los caballos y a gritó de - “Esto no quedará así.”- Partió hacia la Villa.

Plaza de San Mateo en Cáceres (F. Alfonso Soler)
Reunido de urgencia el Concejo de Cáceres, fueron explicados los hechos por el corregidor don Alonso. Decidiendo a los allí reunidos, regidores y destacados miembros de la Villa, ir al Monasterio de Francisco y pedir explicaciones a los frailes. De inmediato se corrió la voz y muchos de los vecinos enfadados con los monjes se unieron a la comitiva manifestando airadamente su cólera por acoger al presunto asesino.
La marabunta llegó al monasterio y el corregidor volvió a llamar a sus puertas, pero se encontraron con la misma respuesta del abad: -“Acogido a suelo sagrado se halla por el que preguntáis, y no os lo puedo entregar. Sólo ante la ley Dios responde ahora.”-
Estas palabras enfurecieron aun mas a los encolerizados vecinos, que cuando el corregidor dio la orden a los guardias de entrar por la fuerza en el monasterio se abalanzaron fuera de sí contra las puertas. Nada pudo hacer el hermano portero cuando la agitada muchedumbre invadió el convento gritando -“Dadnos al asesino.”- Cruzaron el claustro y se adentraron en la iglesia conventual, dentro hallaron a todos los monjes franciscanos y novicios, arrodillados, dando la espalda al altar y rezando en latín.

Interior iglesia de San Francisco (F.I.)
Aquella escena dantesca, de frailes arrodillados frente a ellos, rezando en una atmósfera entre tinieblas y olor a incienso, en un idioma que el vulgo desconocían, y bajo la figura de un Cristo crucificado que los observaba impasible, debió estremecer y aterrar a la jauría humana de vecinos que había profanado y violado la casa de Dios, pues el miedo inundó a todos y cada uno de aquellos infieles, que temerosos de perder sus almas huyeron despavoridos.
Como castigo de aquellos violentos actos la iglesia excomulgó al corregidor, a los regentes del ayuntamiento de la Villa y a todos aquellos vecinos que había participado. Hay que recordar que la excomunión además de llevar una parte de castigo espiritual, como era la expulsión del seno de la iglesia a los excomulgados o la exclusión de la recepción de los sacramentos y la confesión; o sea que si morías en aquel instante ibas directo al infierno; traía consigo una multa económica que podía rondar desde 100, 300 o 3000 maravedíes, unas cantidades que muchos no se podían permitir.

Claustro de San Francisco en Cáceres

          Este conflicto jurisdiccional provocó un clima de hostilidad entre el Monasterio de San Francisco y el Concejo de Cáceres que se vio reflejado al año siguiente con la ausencia de las limosnas que anualmente ofrecía el Concejo a los monasterios y que aquel año sólo se la otorgaron al monasterio de Santo Domingo con una cuantía de 15.000 maravedíes. Ese mismo año fue un año de sequía y malas cosechas, que repercutió en la vida cotidiana y por eso el pueblo, temeroso de que fuera un castigo divino del Señor, al año siguiente volvió a concederle las limosnas al monasterio de San Francisco.
De los protagonistas de la historia, el cacereño Jemio seguramente moría al cabo de uno días y el extranjero Segura aprovechando la oscuridad de la noche huyó del monasterio tiempo después y nada más se supo de él.
La historia que aquí he narrado está basada en hechos reales a los cuales yo he dado mi propia visión e interpretación. Espero que os haya gustado, gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños
Fuentes consultadas:
 “Cáceres, resumen de historia de local.” Antonio Rubio Rojas.

domingo, 9 de febrero de 2014

El origen del actual Cáceres

Entra a la cueva de Maltravieso Cáceres.
            Los orígenes de Cáceres se remontan según las últimas excavaciones arqueológicas de los investigadores Carbonell, Canals y Sauceda al paleolítico inferior con una antigüedad de 350.000 años. Son varias las cuevas del conocido calerizo cacereño, que sirvieron de refugio a cazadores recolectores: la cueva de Maltravieso (con una profundidad de más de 130 metros y una anchura en algunas de sus cámaras de 17 metros), la del Conejar o la de Santa Ana.

La cueva de Maltravieso utilizada desde hace mas de 500.000 años, destaca por su rico arte parietal, con 71 representaciones de manos en negativo (excepto tres) realizadas en ocre rojo y algunos dibujos zoomorfos e ideomorfos. En la cueva de Santa Ana se aprecia la evolución tecnológica de los homínidos en los últimos 800.000 años, así como importantes restos faunísticos. Y en la del Conejar se han recuperado restos pertenecientes al Paleolítico, Neolítico, Calcolítico y de la Edad del bronce.
Vista satélite del Campamento Cáceres el Viejo (Google Map)
Ya en época romana tenemos noticias de la existencia de dos campamentos militares asentados en Cáceres uno el Castra Caecilia, y el otro el Castra Servilia.
El Castra Servilia fue un campamento militar creado en el 109 a.C. probablemente por Servilio Scipion que vino a combatir a Viriato, y sería una base de operaciones de las legiones romanas hacia las sierras septentrionales de la Lusitania.
Años más tarde Quinto Cecilio Metello manda construir el Castra Caecilia también como un emplazamiento militar en su lucha esta vez contra Sertorio y sus partidarios, según se cree, este campamento pudiera ser el conocido actualmente como “Cáceres el Viejo” (excavado por Sculten en 1910, con una superficie de unas veinticinco hectáreas) pero aun faltan datos y restos que lo atestigüen como tal.  
Lo que sí se sabe es que ambos campamentos ubicados en zonas estratégicas militares, desempeñaban una importante labor de control de los pueblos de estas regiones lusitanas.
Maqueta Cáceres el Viejo (F. Celtiberia) 
Coetánea a estos campamentos se fundará la Colonia Norba Caesarina, como así lo atestigua Plineo el Viejo que las cita en el año 50 d.C. en su Naturalis Historia IV, 117, como campamentos contributivos, o sea dependientes, de la Colonia Norba Caesarina, y alrededor de esta había granjas y quintas de recreo.
Si se plantea un problema a la hora de verificar si el llamado Cáceres el Viejo, es el Castra Caecilia o el Castra Servilia, también hay una gran controversia en lo referente a la fundación de la Colonia Norba Caesarina. Dependiendo de los investigadores que se consulte la fecha de su fundación oscila en un abanico que abarca desde el año 75 a.C. hasta el 24 a.C. y dependiendo del año que se sitúe su fundación varía también el nombre de su fundador.
Restos de sillares romanos, Cáceres
Según Hübner Norba Caesarina fue fundada en el año 75 a.C. por Cesar, de ahí el cognomen de Caesarina, en su lucha contra Pompeyo, y el nombre de Norba sería por los soldados  que acompañaron a Cesar y que provenían de la ciudad italiana de Norba (Norma en la actualidad), que una vez licenciados optaron por quedarse por estas tierras.
García y Bellido cree que su fundación fue debida a Cayo Norbanus Flaccus, Procónsul en la Ulterior entre el 36 y 34 a.C. bajo premisas dictadas por Cesar antes de su muerte, de ahí el nombre de Norba Caesarina, recayendo el patronazgo de la colonia en Lucio Cornelio Balbo.
Y luego tenemos a Floriano Cumbreño que fija su fundación hacia el 20 a.C. por L. Cornelio Balbo; y Carlos Callejo que la fija entre los años 43-27 a.C.
Lejos de controversias, lo que no da lugar a dudas es que el nombre que recibió la colonia fue el de Norba Caesarina, y que fue adscrita a la tribu de los Sergia (una de las 35 tribus romanas).
Lápida votiva dedicada a Lucio Cornelio Balbo (F.I.)
Con la fundación de Emerita Augusta hacia el año 25 a.C. colonia con un emplazamiento inigualable: próxima a un rio, rica en recursos agrícolas, bien comunicada, pues era inicio de la Vía Lata que iba de Mérida a Astorga (en época árabe fue denominada al-balat, o sea vía empedrada, posteriormente vía balata y en la actualidad Vía o Ruta de la plata), y proclamada capital de la Lusitania, Norba Caesarina fue perdiendo importancia quedando como una simple colonia. Aun que Ptolomeo aun la cita en uno de su escrito en el año 125 d.C. como Norba Kesareia.
Se cree que posteriormente fue destruida en la época visigoda, entre los siglos IV y VI etapa que se corresponde con las luchas entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo que con el apoyo de los suevos intenta arrebatarle el trono. Destruida la colonia se olvidó su nombre.
Vista de la Torre de Bujaco, Cáceres.
En el siglo IX es recuperada por los almorávides que aprovechan los restos romanos para crear una fortaleza. Desde entonces habrá numerosas  disputas entre árabes y cristianos por su control. Es en época musulmana cuando toma el nombre de Qazrix, Qāsrish (قاصرش) o Qasrish (قصرش), (que probablemente el nombre sea una arabización del latín castris).
 Posteriormente tras un breve periodo portugués de Gerardo Sempavor, en 1169, la ya denominada Cáceres (por corrupción del árabe) es reconquistada por Fernando II, encomendando su protección a la Orden de los Fratres de Cáceres.
En 1173 las tropas del caudillo árabe Abú Ya'qub, al mando de Abú Hafs Omar se la arrebata nuevamente a los cristianos, que utilizando los basamentos romanos reconstruyen las murallas y la fortifican con torreones siendo un punto estratégico de saqueo y rapiña hacia tierras cristianas.
Vistas de Cáceres.
La incorporación definitiva de la villa al reino de León se produce el día 23 de abril de 1229 (festividad de San Jorge), con el rey Alfonso IX, siendo su último Califa Idrís Abú l´Ulá al-Mamún. Desde entonces la ciudad dejó en el olvido el nombre de Qazris para ser conocida definitivamente como Cáceres.

Gracias y hasta la próxima. 

Escrito por: Jesús Sierra Bolaños
Fuentes consultadas:
-“Los orígenes de Cáceres”. Carlos Callejo
-“Historia de Cáceres” A. Floriano Cumbreño
-“Como se hizo Cáceres” Miguel Muñoz de San Pedro
-“Dictamen sobre la fecha fundacional de la colonia
  Norbensis Caesarina” A. García y Bellido.
-“Cáceres en tiempos romanos”. E. Hübner
-“Cáceres, paseo por la eternidad.” Francisco Acedo
-“La Prehistoria del calerizo cacereño.” Equipo de
  investigación primeros Pobladores de Extremadura.
-“El caso de Norba Caesarina y sus contributivas castra
  Servilia y Castra Caecilia.” Juan José Sayas Abengochea
-“Consideraciones acerca de la fundación y evolución de la
  Colonia Norba Caesarina.” José Salas Martín